Pese a que la mayoría de líderes socialistas se sienten infinitamente más cómodos con el nuevo ideario, se quiera o no, éste no puede evitar tener cierto sonido a hueco, no sólo por venir de quien viene, si no por pronunciarse en un escenario político en el que continúan materializándose como pesadas losas los recortes laborales y económicos del Ejecutivo
Tampoco el sigiloso acercamiento que el Partido Socialista intenta llevar a cabo con los indignados logra zafarse de un claro tufillo a oportunismo político, máxime si el que canta las bondades del movimiento 15-M es el ex ministro del Interior, reconocido en la memoria colectiva como el responsable último de disolver policialmente cualquier conato de descontento ciudadano en los últimos años.
A día de hoy la realidad es que los dirigentes socialistas, si no hundidos, están gravemente tocados en su autoestima y en sus convicciones tras la debacle de los comicios de mayo. Desnortado y confuso en las ideas y en las estrategias puede resumir el estado de salud de un partido que, no hay que olvidar, todavía reina en La Moncloa.
Quizá uno de los pocos líderes al que los nuevos vientos no coge con el pie cambiado, precisamente por la distancia oceánica que ha mantenido en los últimos tiempos con Ferraz y José Luis Rodríguez Zapatero, es Tomás Gómez.
El populismo que ha venido ejercitando desde su propia campaña electoral el jefe de filas del socialismo madrileño, encaja como anillo al dedo con el discurso del ya ex ministro.
Poner cerco y condiciones a los bancos, primera consigna que lanzó el candidato Rubalcaba el día de su proclamación, ha venido siendo una línea dialéctica que Tomás Gómez trabajaba desde hacía tiempo, que hasta ahora no pasaba de ser una incómoda diatriba política que la dirección Federal del PSOE no veía con muy buenos ojos.
Las propuestas de Alfredo Pérez Rubalcaba le vienen, por tanto, como anillo al dedo a un Tomás Gómez que vuelve a situarse como alumno aventajado de la catarsis que llevan a cabo los socialista, en la que no está dispuesto a perder pié.
En esa línea, el líder del PSM ha lanzado un nuevo brindis al sol proponiendo que se establezca un límite a las retribuciones económicas de los altos ejecutivos de bancos y cajas, un golpe de populismo que casa como anillo al dedo –veremos si le roban la idea- con el ideario del flamante candidato.
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