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Lukashenko se aferra al poder en Bielorrusia

jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
El “último dictador de Europa”, como lo llamó George W. Bush, asegura que los centenares de detenidos en las calles de Minsk después de las elecciones presidenciales “van a responder ante el pueblo bielorruso”
El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, lleva 16 años en el poder. George W. Bush lo llamó “el último dictador de Europa”. La oposición de su país lo considera un dirigente autoritario y populista y asegura que las últimas elecciones presidenciales, en las que Lukashenko consiguió la victoria con prácticamente el 80% de los sufragios, fueron un “fraude”. Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y organismos como la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE) también criticaron la falta de garantías democráticas en estos comicios. La posición de Rusia fue más contenida. Lukashenko dirige un país que perteneció a la URSS y por donde pasa el 20% del gas ruso con destino a Europa. Durante años el dictador de Minsk mantuvo estrechas relaciones políticas y una privilegiada relación energética con su vecino ruso, que durante tiempo le permitió importar a bajo precio petróleo y gas, que luego Bielorrusia refinaba y revendía a precios de mercado. Lukashenko supo administrar las ganancias de los hidrocarburos inteligentemente; por una parte, renovando la industria pesada del país, y por otra, financiando generosas políticas de subsidios sociales que le dieron apoyos en amplios sectores populares. Pero tuvo que poner las cuentas públicas de su país bajo control del Fondo Monetario Internacional (FMI). A partir de 2007, Rusia decidió incrementar el precio del gas que vende a su vecino bielorruso, lo que envenenó las relaciones políticas entre Minsk y Moscú. Por ello, Lukashenko se ha ido alejando progresivamente de su aliado ruso y mira decididamente hacia la UE. Necesita de nuevos apoyos políticos y económicos. La UE le prometió desbloquear un crédito de 3.500 millones de dólares si las presidenciales eran democráticas. Es uno de los motivos por los cuales Lukashenko organizó los comicios. Ha ganado las presidenciales, pero no está claro que Bruselas le ayude. El candidato opositor Iaroslav Romantchuk hizo un llamamientos a la UE para que no se deje engañar por Lukashenko. La decisión del dirigente bielorruso de aplastar sin contemplaciones a los partidos opositores que se presentaron a las elecciones presidenciales –nueve de las diez candidaturas- y neutralizar a sus líderes colocan al dictador en una situación delicada. Es cierto que las protestas ciudadanas en Minsk estallaron después del cierre de los colegios electorales y el vandalismo protagonizado por algunos manifestantes ha sido y será utilizado por el régimen bielorruso para desprestigiar a la oposición, que, además de socialmente débil, está políticamente dividida. Lukashenko sabe que sigue teniendo el respaldo de una parte sustancial del pueblo, pero, según los analistas políticos, no ignora que los apoyos externos son una clave decisiva para su permanencia en el poder. Si se hunde económicamente el país, el sistema que sustenta al presidente-dictador se desplomará como un castillo de naipes.

Represión salvaje

En este contexto, “resulta difícil de entender que Lukashenko ordenara una represión tan brutal de las protestas populares”, señala el comentarista político polaco Mariusz Borkowski. La represión fue, efectivamente, brutal. El candidato opositor y poeta Vladímir Neklyayev acabó en el hospital con la cabeza destrozada por las porras de los agentes antidisturbios. Después, Neklyayev y el opositor Vitali Rymashevski fueron secuestrados por el servicio secreto KGB. Fuentes de la oposición bielorrusa anunciaron un trágico balance: un millar de detenidos en las revueltas; líderes de partidos opuestos a Lukashenko, salvajemente apaleados por la Policía y una conocida periodista del país, Irina Chalip, apresada por las fuerzas de seguridad. Chalip es la esposa del candidato opositor Andreï Sannikov, que también fue golpeado y detenido por la Policía Siete de los nueve candidatos opositores fueron detenidos: Vladimir Neklyayev, Andreï Sannikov, Nikolaï Statkevitch, Rygor Kastussev, Vitali Rymachevskiï, Ales Mikhalevitch y Dimitri Ouss. La Policía también llevó a cabo numerosos registros en domicilios particulares y en sedes de partidos opositores, y una decena de periodistas resultaron heridos.

“Barbarie opositora”

Alexander Lukashenko ignoró las críticas y protestas de la oposición y las sugerencias internacionales a favor de la democratización de su país. El dirigente dictatorial acusó a los partidos opositores de haber protagonizado actos de “bandidaje” en las calles de Minsk y anunció que los detenidos irán a “prisión, según dicta la ley”. “Lo que han hecho los vándalos y alborotadores en Minsk no es democracia, sino barbarie opositora”, destacó Lukashenko. Afirmó que “las fuerzas de seguridad actuaron con paciencia ante el descontrol de los jóvenes hasta que se toparon con artefactos explosivos, pogromos y apaleamientos de ciudadanos”. Los detenidos “van a responder ante el pueblo bielorruso”, declaró Lukashenko a la cadena de televisión europea ‘Euronews’. La Justicia bielorrusa comenzó a juzgar a los detenidos, y algunos podrían ser condenados a 15 años de cárcel por “disturbios”.




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