Los parlamentarios, que tomaban café y se relamían al saborear sobre todo la derrota de Jiménez, hablaban entre ellos y del futuro del Grupo Socialista de la Asamblea de Madrid, que había quedado dividido en dos tras la aparición de la ministra de Sanidad en la batalla de las primarias.
Comentaban en tono muy bajo que a las pocas horas de conocerse el triunfo de Gómez, algunos de los que consideraban que el secretario general no era el mejor candidato para intentar derrotar a la presidenta regional, Esperanza Aguirre, en los comicios de 2011, estaban dispuestos a volver al redil y a defender a su secretario general ante cualquier enemigo interno o externo.
No se sabe muy bien si los arrepentidos por apoyar a Trinidad Jiménez están dispuestos a cambiar de nuevo de bando por hacerse un hueco en la lista que encabezará Gómez o porque de verdad y con el corazón en la mano consideran que se equivocaron al ponerse en el lado equivocado de la contienda. Da igual, tendrán que pasar unos días más para que el discurso posterior a la celebración de primarias se unifique y todos digan lo mismo.
La portavoz parlamentaria del PSM, Maru Menéndez, seguro que ha tomado buena nota de todo lo sucedido y ahora podrá entender el comportamiento de algunos diputados el día que se celebró el Debate sobre el Estado de la región. Todos querían hablar y dejar bien claro que desde la candidatura de Trinidad Jiménez, quien llegó a dudar de la conveniencia de recurrir la creación del Área Única Sanitaria, aprobada por el Gobierno presidido por Esperanza Aguirre, anunciada por Tomás Gómez en plena campaña de primarias, se tenía opinión respecto a ese debate anual y a las propuestas y discurso de la mandataria madrileña. Menéndez, siempre al lado de Gómez, sabe que su secretario general ya tiene asegurado un escaño en la Cámara autonómica y seguro que también tiene en la cabeza cuántos y cuáles de los actuales diputados estarán en su lista electoral.
Gómez ha salvado el pellejo, aunque no se sabe por cuánto tiempo, porque lo más seguro es que, si hubiese salido derrotado en estas primarias, él no habría estado en la lista de Trinidad Jiménez. Quizá porque no le habrían invitado a participar o porque se habría negado a ser diputado de un equipo no dirigido por él.
Todo son conjeturas, dicen los diputados, que constatan que lo único que está claro es que el secretario general del PSM se sentará en un escaño.
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