Los que se sientan en el banquillo acusados de pertenecer a la Operación Malaya no lucen bronce costero si no la piel curtida tras años de haber paseado una cara muy dura. El agujero negro que dejaron en las arcas municipales tardará generaciones en cubrirse, Stephen Hawkings debería dedicar un libro a este fenómeno físico que se gestó alrededor de un meteorito llamado Jesús Gil que cruzó la desvergüenza de la política de manera trasversal (su desmesura contagió hasta a la oposición que no dudó en dejarse tentar por su manera "ostentórea" de hacer balances de economía creativa). Si hubiera justicia histórica cada uno de los que votaron a Gil, no sólo en Marbella si no en otros pueblos malagueños, y también en Ceuta, deberían ser conscientes de lo que hicieron aupando a un monstruo de siete cabezas y ninguna buena. El "gilismo" fue una manera de asaltar las arcas públicas y de comprar voluntades que en Marbella llegó a extenderse con una televisión y un periódico que fueron la voz de su gordo amo.
Para seguir este macroproceso es recomendable hacerse con un lápiz y un cuaderno y tomar nota del culebrón. La ventaja es que conocemos a casi todos los protagonistas, los programas del corazón se han encargado de darles pábulo y de narrar sus hazañas triperas. Esta cuerda de presos la hemos visto en imágenes muy repetidas en las noches de Puerto Banús (pantalanes dónde "Cachuli" lucía pantalones sobaqueros); son los mismos que bailaban "Macarena" en los clubes de "alta suciedad" de Marbella, chorizos que buscaban la foto con el jeque de turno. Es verdad que faltan algunos, sobre todo un judío rico que pasa por mentor de Roca y el fugado Carlos Fernández a los que muchos dan por colaborador con la policía, la persona que ayudó a reventarlo todo desde dentro.
Personalmente me importa una higa la condena que les impongan, me conformaría con que los quitaran de delante para no verlos, para no tener que soportar a los hijos del gorilón bailando el chachachá. Aplicar a Roca, a García Marcos, a Muñoz, a Corulla lo que decía Groucho: "Nunca olvido una cara pero en su caso haré una excepción".
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