Dice George las cosas con tanta claridad, con tanto tino que, en realidad, no hace falta interpretarla, ni caben demasiados circunloquios a propósito de lo que dice:
"A los que no tenían nada que ver con la crisis, les han robado dos veces: una porque la quiebra del casino (la autora llama a la última excrecencia del neoliberalismo, "capitalismo de casino") ha destruido la relativa seguridad económica de los años venideros; y otra, porque sus impuestos y los de los hijos de sus hijos, se gastarán no en bienes públicos y en una vida mejor para todos, sino en restaurar un sistema absolutamente podrido"…de modo que "el capital financiero ha demostrado ser el enemigo de todos: de los trabajadores, los pensionistas, los agricultores, los sindicalistas, los pequeños empresarios, los ecologistas, los empleados y usuarios de los servicios públicos…" así es que además de a problemas serios que conciernen a la vida cotidiana de la gente (el desempleo disparado, las pensiones reducidas, el probable deterioro de las prestaciones y la acción del estado, nos enfrentamos a un grave asunto de "moral pública…pues los culpables son recompensados con creces y a los inocentes se les dice que se callen y suelten la pasta"
Con franqueza, releo estos párrafos y no se me ocurre un modo mejor decir lo que ha pasado y está pasando. Porque es exactamente eso.
O tal vez sea más que eso: No se trata solo de que el capital financiero, o como demonios debamos llamar a esa cosa que maneja los hilos (mercados, operadores, especuladores…) se haya impuesto a la expresión de la voluntad popular, o sea, los estados y sus organizaciones, es que además, el aparato político –da igual si es de derechas, de izquierdas o medio pensionista- está contribuyendo a sostener al monstruo, a permitir que siga viviendo de nuestro trabajo y de nuestras ilusiones de bienestar, del hambre de los que pasan hambre (cada vez son más) de los que sufren las consecuencias de llenar el mar, los ríos y la atmósfera de puritita mierda, de los que ya no tienen ni siquiera presente.
Dice Susan George que "cuando los dirigentes carecen de visión y de audacia, todo depende de la gente" No estoy del todo de acuerdo: en realidad, depende de la gente siempre. Pero la historia nos demuestra que cuando ya solo depende de la gente, las cosas se acaban complicando aún más. ¿Qué hacer?
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