Lo habrá publicado –con palabras medidas siempre, eso sí— el NYT, pero me parece, con perdón, una tontería. Zapatero, pienso, está perdido; me consta que lo confiesa en conversaciones íntimas. Está orgulloso de quemarse en la pira de las-cosas-que-no-queda-otro-remedio-
que-acometer. Sabe que esta política de ajustes, que conllevará unos cientos de miles de parados de aquí a poco más de un año, le costará cara en las urnas. Tampoco hay que ser un adivino para suponerlo. Creer que el ‘pan y circo’ va a servir siquiera de clavo ardiendo me parece una superficialidad: la alegría de la Gran Copa –que además hay que conseguirla--, una euforia colectiva, dura lo que dura. Y, yendo más al fondo de las cosas y cambiando de terreno, la desaparición de ETA como organización criminal –lo que también está por ver y comprobar--, es algo que comienza a estar descontado: no habrá imagen de endición, sino una realidad menos tangible.
Lo que queda ante el horizonte de 2012, lamentablemente, es el ejército de parados, la mala gestión en casa y la peor situación general en Europa.
Lo dicho: no se trata de salvar a Zapatero de la quema general. Pienso en 2012 y me crece la certeza de que Zapatero ya no tiene salvación en las urnas. Ahora le queda salvarse para la Historia.
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