La lideresa, rodeada de los suyos: consejeros, alcaldes, diputados y dirigentes locales, se subió al atril y apuntó una vez más toda su artillería contra el maltrecho acorazado socialista y su capitán, José Luís Rodríguez Zapatero, a quien en aras de la democracia sugirió que vuelva a “llamar al pueblo” a las urnas. Propuesta muy saludada por los asistentes, que santificaban con la cabeza la diatriba verbal de su jefa de filas, especialmente el alcalde de Alcobendas, Ignacio García de Vinuesa, el primer regidor del PP que ha llevado a pleno la petición de elecciones generales anticipadas.
Cómoda, casi embebida, en su papel de ariete contra el Gobierno, Aguirre arremetía de nuevo contra las decisiones económicas de Zapatero que, según enfatizó, sólo restan confianza, hacen que los inversores se retraigan y no crean empleo. Caña al mono de ZP en estado puro, y a renglón seguido una descripción sucinta de las bondades de las políticas económicas de su Ejecutivo: “austeridad”, rebaja impositiva y equilibrio presupuestario.
Pero como había que calentar los ánimos en una mañana fría y pasada por agua, la presidenta cargó en su alocución contra tirios, los participante de la gala de los Premios Goya, que, según Aguirre, no tuvieron a bien hablar de la crisis “por los 89 millones de euros que les ha dado” el Gobierno.
El troyano, el juez Garzón, obligado por la Audiencia Nacional, para regocijo de la lideresa, a agotar la investigación del “caso Faisán”. Un espinoso asunto en el que Aguirre ve muchos indicios de que “haya habido personas dentro de la organización policial y el Gobierno que han avisado a Eta, para que cuando fuera la policía a detenerlos no estuvieran allí”. Otra carga de profundidad contra el Ejecutivo socialista y su ministro estrella, Alfredo Pérez Rubalcaba (desbanca en las encuestas a todos los demás miembros del Gobierno, incluido el propio Zapatero).
El último rejonazo de Aguirre fue a parar a las espaldas de los alcaldes del Sur, que desde hace meses presionan a la mandataria madrileña para que les de audiencia y presentarla su Plan Estratégico para reactivar la economía de esta zona metropolitana. “Ni es plan, ni es estratégico, ni es del sur” explicaba en tono de broma al auditorio, que quedó definitivamente regocijado cuando la lideresa soltó la perla de que a estos regidores sólo les queda “ir al Ministerio de Medio Ambiente y que les declaren especie en peligro de extinción”. Risas a pleno pulmón y algarabía en las filas populares ante la ocurrencia de su presidenta.
Menos permeable estuvo, sin embargo, la presidenta madrileña a entrar en polémicas internas cuando fue preguntada por las declaraciones de Alberto Ruiz Gallardón, diciemdo sentirse “ofendido” por el exabrupto, pillado a micrófono abierto, de Aguirre llamando “hijo puta” a un compañero de partido.
Mejor llamarse a andanas de la “pulla” del alcalde de Madrid debió pensar la jefa de filas del PP madrileño, que dijo no haber escuchado las palabras del regidor por andar de cumpleaños con el presidente de la Ceim, Arturo Fernández. Genio y figura, eso sí, Aguirre no pudo sustraerse a la tentación de reivindicar la conversación privada, en el transcurso de la cual fue pillada, que mantuvo con su amigo y miembro de su Gobierno, Ignacio González, o ¿es qué estamos en un estado policial?. Y aquí se produjo la apoteosis, un cerrado aplauso para “santificar” las palabras de Aguirre por parte de las más de 150 personas asistentes al acto, entre ellas el propio González y el otro peso del Ejecutivo madrileño, Francisco Granados. Además de un nutrido grupo de alcaldes del PP, como el de Móstoles, Valdemoro, Las Rozas, Pozuelo o Alcobendas. El más exultante de la jornada, eso sí, el portavoz de los populares de Getafe, Carlos González Pereira, en capilla para revalidar su condición de presidente del Partido Popular de esta localidad.
La lideresa remataba tan bronca semana en Las Rozas, reclamando delante de Mariano Rajoy, y por enésima vez, el adelanto de elecciones generales
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