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El ataque largo de Rajoy

jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
El presidente del Partido Popular, que ama el ciclismo, ha lanzado un ataque largo con el objetivo de coronarse en el pico de La Mon-cloa. Nada más comenzar la parte más dura de la crisis, a comienzos de este 2009, Mariano Rajoy cambió los platos de la bicicleta popular y bien arropado por los suyos demarró con la intención de dejar clavado y en medio de la pendiente a José Luís Rodríguez Zapatero. En ello ha seguido este fin de semana aprovechando la escapada andaluza de ese gregario de lujo que se llama Javier Arenas y que, desde la distancia, controla más que menos el equipo PP.Rajoy conoce mejor que nadie sus virtudes y defectos. Sabe que no tiene pegada, que no tiene ese sprint que gana carreras en el último metro. El necesita tiempo, ver desgas-tarse a su contrincante día a día, golpear cada minuto en los mismos puntos débiles de su oponente, un camino, por otra parte, que ya les enseñó a todos los dirigentes populares José María Aznar desde que se hizo cargo del partido en el lejano 1990.Por seguir con el símil ciclista, Rajoy no es Ocaña, ni Perico Delgado; es más Indurain, si bien puede quedar-se en Poulidor, aquel eterno segundón francés que tuvo la desgracia de compartir tiempo con uno de los grandes de la bicicleta: Jacques Anquetil. Tiene de aquí al 2012 para definirse hacia uno u otro ejemplo histórico. Mientras tanto y como ya viene ocurriendo en los meses que llevamos con-sumidos del año, cada fin de semana se plasma en un mitin, en una reunión, en un manifiesto. Cada vez con más sal gorda y menos argumentos, cada vez cayendo en la aparente trampa del inquilino de La Moncloa quien, sin soluciones rápidas y concretas para salir del embrollo financiero en el que nos metieron los grandes bancos de inversión y la avaricia suprema de sus ejecutivos, se contenta con pegar parches y más parches a las averiadas ruedas de su propia bicicleta.Ni uno, ni otro saben mirar hacia el exterior y comprender lo que está pasando, por ejemplo en Europa. Den-tro de unos días Irlanda decidi-rá de nuevo el futuro de la CE con su referén-dum, mientras que Portugal y Alemania ya lo han hecho. Nuestros vecinos dando de nuevo la victoria a los socialdemócratas de José Sócrates, pero sin mayoría absoluta y con un crecimiento de los dos extremos del arco parlamentario; y los centroeuropeos proporcionando a Angela Merkel un nuevo compañero de baile: han quitado la patina socialista del anterior gobierno para cambiarla por un liberalismo de la vieja escuela.En Portugal va a seguir más de lo mismo, con un giro a la izquierda por la necesidad de apoyos para gobernar. Y en Alemania, justo lo contrario. En Portugal quien más ha per-dido es el centro derecha, mientras que en Alemania quien se ha desplomado es el centro izquierda. En ambos casos los ciudadanos han dicho no al bipartidismo imperfecto que les ofrecían las dos grandes formaciones. Diferencias, como se ve, importantes si miramos en España.Aquí, en este territorio convulso por su propia razón de ser, por sus propias y singulares raíces, por su historia siem-pre en revisión, por sus costuras constitucionales a punto de reventar de tanto inflar de competencias y derechos a las autonomías, los dos grandes partidos sueñan y buscan el bipartidismo con obstinación, y han conseguido que las fuerzas bisagras, las que permiten llevar adelante los Presu-puestos Generales en las Cortes sean las fuerzas que menos creen en España y en el estado único, ya sean los vascos del PNV o los catalanes de CiU.
Los intentos de crear ese partido de centro que pudiera gobernar bien con la izquierda, bien con la derecha, han fracasado siempre, desde la UCD de Adolfo Suárez, al Partido Reformista de Antonio Garrigues y Miguel Roca, sucesor de aquellos liberales que aglutinara en los primeros años de la Transición Joaquín Garrigues. Ningún líder se ha aventurado en ese territorio y ni Ciudadans, ni Rosa Díez parece que puedan cumplir con ese objetivo.Así las cosas y en previsión de que no haya adelantos elec-torales de ningún tipo, y lleguemos con la actual Legislatura hasta el 2012, sería deseable que PSOE y PP dejaran a un lado las campañas electorales y se centraran en gobernar desde el poder y colaborar críticamente desde la oposición. Ya habrá tiempo, mucho tiempo, para tirarse los trastos a la cabeza. Y es cierto que el calendario no ayuda: en 2010 tenemos elecciones en Cataluña, en el 2011 elecciones muni-cipales y autonómicas en trece regiones, y en 2012 la traca final. Pese a todo ello por pedir desde las tribunas periodís-ticas que no quede.


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