Putin golpea a los oligarcas rusos
jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
El poderoso primer ministro ruso trata de meter en cintura a los nuevos ricos rusos que aprovecharon la desmembración de la URSS para adquirir poder económico y que no quieren someterse al Kremlin
Vladimir Putin jamás toleró que el entramado económico y político oligárquico que dirige Rusia actuara por su cuenta. Primero como presidente y ahora en su calidad de primer ministro de la Federación Rusa, Putin, que perteneció a la KGB comunista, ha ido tejiendo una poderosa red de intereses económicos, político y militares a su servicio y rodeándose de hombres de su absoluta confianza.
La casa dirigente actúa como una mafia y con el beneplácito del zar poscomunista Vladimir Putin, que manda mucho más que el presidente, Dimitri Medvédev. Putin, que accedió a la máxima jefatura del Estado en 2000, ha sabido rodearse de los famosos "silovikí", en su inmensa mayoría gentes procedentes de su ciudad natal, San Petersburgo, y de la KGB (hoy en día, FSB) y otros servicios de inteligencia y seguridad.
Los "silovikí" "han aportado con Putin del orden de un 25 por ciento de los altos cargos políticos", según dice el investigador Carlos Taibo en su libro "Rusia en la era Putin". Gran parte de los cargos institucionales y de los aparatos de seguridad pertenecen, directamente o indirectamente, al clan Putin, que cuenta con el apoyo de la cúpula militar y la bendición de la ultraconservadora y nacionalista jerarquía de la Iglesia ortodoxa.
La privatización salvaje de la década de los 90 del siglo XX, b asada en el "todo vale" y la pauperación de ámplias capas sociales, conformó una oligarquía que controla las materias primas (gas y petróleo) y las principales ramas productivas y actividades financieras del país, legales o ilegales.
Al calor del brusco cambio capitalista basado en prácticas fraudulentas, blanqueo de dinero y ocultación de beneficios, surgieron nombres como Mijail Jodorkovski, Boris Berezvoski, Vladimir Kadánnikov, Nikolai Puguin, Vladmiri Potanin, Vagit Alekpérov, Vladimir Gusinski, Mijail Fridman, Roman Abramóvich, Oleg Deripaska, Pavel Borodín... Los oligarcas, que en muchos casos pasaron por las redes del poder soviético, se pusieron al servicio de la nueva nomenclatura política, y entre todos conformaron en muy poco tiempo la nueva casta dirigente.
Con el paso de los años han desaparecido algunos nombres y han surgido otros nuevos, pero el poder de la oligarquía poscomunista sigue intacto. Los oligarcas que se atreven a cuestionar el poder del Kremlin, como Jodorkovski, Berezovski y Gusinski, lo pagan muy caro. Mijail Jodorkovski, antiguo magnate y propietario de la petrolera Yukos, se encuentra en una cárcel de Siberia desde 2003.
Después de ser el hombre más rico de Rusia, este antiguo militante del Komsomol (la rama juvenil del comunista PCUS) que empezó su carrera de negocios en la época de la Perestroika de Mijail Gorbachov, puede estar muchos años entre rejas, por diversas acusaciones, y el Kremlin le ha abierto una nueva causa por el supuesto robo de casi 20.000 millones de euros en la que podría ser condenado a 22 años de reclusión.
El pasado mes de junio, el multimillonario Boris Bererzovski fue condenado en un juicio celebrado en un tribunal de Moscú, al que no asistió, a 13 años de prisión por malversación de fondos. Berezovski, que ya fue conodenado una primera vez por el mismo motivo, se enfrenta a 11 causas abiertas por la justicia rusa.
Próximo a Boris Yeltsin, el magnate vive en Londres como refugiado político desde 2003. Tanto Berezovski como Gusinski-que también hizo parte del clan Yeltsin- perdieron muchas de sus empresas y sufrieron acoso judicial y político por haberse atrevido a desafiar el poder omnímodo de Vladimir Putin.
El futuro de los oligarcas está asegurado, pero siempre y cuando no se aparten del manto protector del Kremlin. Los oligarcas rusos se han repartido las riquezas del país como si fuera un "botín de guerra", según algunos analistas. Ciertas medidas, como la decisión de Putin en 2007 de privar de la inmunidad parlamentaria a los oligarcas, o las promesas de erradicar la corrupción en la vida económica hechas por el presidente Dimitri Medvédev, son una mera cortina de humo.
La grave crisis económica y financiera internacional podría dañar mucho más el poder de los oligarcas que las tímidas reformas que impulse el sistema putinista. Roman Abramovitch, magnate del sector metalúrgico y del oro y propietario del club de fútbol británico de Chelsea, ha perdido 22.000 millones de dólares, según la prensa rusa, y ha pasado de ocupar en la clasificación de las grandes fortunas el puesto 16 en 2007 al 51 en 2009. Oleg Deripaska, Vladimir Potanine o Mijail Prokhorov también atraviesan momentos difíciles, aunque sigan comportándose como multimillonarios sin ética ni vergüenza.