
¿Dónde está Europa?
jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
No se si ustedes se habrán dado cuenta pero de unos años a esta parte la Unión Euro-pea ha desaparecido de las noticias bue-nas, siguiendo un proceso contrario al que vimos en los grandes medios de comuni-cación desde el 1 de enero de 1986 en que España ingresó –lo hizo Felipe González sin consultar a los españoles y a cambio nos quedamos en la Otan - en la Unión de Estados del continente, cuando todo lo que venía de Europa era bueno –o eso se nos trataba de hacer creer- y prácticamente gratis. Si en España se hacía una nueva autovía era porque se pagaba con fondos de ayuda europeos, si limpiaba un río también y si había que arreglar un pueblo se recurría a Bruselas. Así que cuando hubo que ir a votar a las primeras elecciones europeas una importante mayoría lo hizo agradecido por esas ayudas. La adhesión al euro y la “traición” a la vieja peseta se hizo todavía con gran entusiasmo popular, con un Pedro Solbes, entonces comisario europeo, que afirmaba con denuedo que la nueva moneda no iba a traer ninguna inflación –como todas las afirmaciones posteriores del vicepresidente econó-mico sobre la crisis económica la entrada del euro produjo el mayor aumento del IPC que ha conocido España en su historiaPero a medida que la Unión Europea ha ido creciendo las cosas fueron cambiando y España ha pasado de ser un país destino de las ayudas a un aportador de dinero para los nuevos estados llegados del Este y con todas las infra-estructuras por hacer, como le ocurría a España en 1986. Así que las buenas noticias sobre Europa fueron decayendo y susti-tuidas por otras cada vez peores: varias Comunidades se quedan sin ayu-da porque ya se pueden conside-rar ricas y nuestros agricultores se van quedando sin las subvenciones que tan alegremente les habían ido concediendo para arrancar viñas, para echar abajo olivos y para convertir en barbecho enor-mes extensiones de tierra cultivable. A cambio, los españoles comenzaron a depender de los grandes monopo-lios de la distribución que traen sus productos agrícolas del Tercer Mundo pagando poco a sus productores y cobrando mucho a los consumidores europeos.
Si a esto se añaden los conflictos inter-nos, las pugnas con Estados Unidos, la decisión de Gran Bretaña de seguir con su libra esterlina, o los grandes “noes” de los referéndums francés, danés, holandés e irlandés que cayeron como jarros de agua fría en la has-ta entonces alegre Europa, la ensalada estáa com-pleta. España se quedó casi sola en su defensa de la nueva Constitución Europea el 21 de febrero de 2005. ahí comenzó la decepción y desde entonces ni Europa ha levantado cabeza, ni han vuelto a aparecer noticias buenas procedentes del Viejo Continente, todo lo contrario. Cuando el gobernador del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, cerró el grifo del dinero barato subiendo continuamente a partir de 2006 los tipos de inte-rés oficiales, muchos españoles comenzaron a sentir que en Europa hay que estar a las duras y a las maduras. Ahí comenzó el desencanto a hacer mella en la mayoría de los españoles agobiados por las subidas de las hipotecas cuando meses atrás se las prometían tan felices con los tipos de inte-rés –reales, no como ahora que ningún banco cumple- más bajos de la historia de España.En estas condiciones nadie sabe a estas alturas, por qué estamos en Europa, y los partidos políticos que participan en las elecciones del 7 de junio parecen haber considerado que ellos tampoco tienen más interés en aclararlo o en creér-selo, por eso han decidido convocar a los ciudadanos a las urnas como si se tratase de unos nuevos comicios electorales patrios donde Mariano Rajoy vuelve a la carga para intentar ganar aunque sea a los puntos a José Luis Rodríguez Zapa-tero, y donde éste intenta pasar de nuevo una reválida para demostrar a sus contrincantes que la crisis económica no ha podido con él y que tiene cuerda para llegar hasta 2012. Algo muy poco edificante para los europeístas que se han batido el cobre en estos años tratando de convencernos de que Europa tiene futuro y que de un plumazo ahora parece que se ha quedado en una bandera, una moneda y unas elec-ciones en clave interna para enviar al Parlamento europeo a los políticos que tanto el PSOE como el PP tienen sobrantes o en el banquillo de las reservas. así muy poco gente se va a tomar en serio unos comicios europeos, excepto los forofos de ambos partidos.