
Una quiebra prevista
jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
Pepe vuelve a ser popular
Martes, 24
Pepe, el del Popular, estaba en Tepoztlan, allá en Méjico. Fue un fugado popular cuando desapareció de la sucursal del banco en la ciudad de Santander con dos mil millones, de la antiguas pesetas. Ahora, dieciocho años después, le han detenido en Méjico. Y también, horas después de que fuera apresado por Interpol nos enteramos de que toda España sabía dónde vivía. Pepe ocasionó un grave quebranto en muchos ahorradores, que fueron compensados por el Banco Popular en su momento. La mayor parte de los delitos de los que Pepe fue imputado han prescrito por el paso de los años. Hoy sabemos que sus amigos viajaban a Méjico para vele, le llamaban para quedar y cenaban en un restaurante con mariachis, típico de aquellos lares. A la vista de todo esto, alguien tendrá que explicar por qué a pesar de estar localizado durante todos estos años gracias a un defecto que tiene en el meñique, este hombre ha vivido tranquilo y sin sobresaltos contables hasta ahora.
Ibarreche paga a presos
Miércoles, 25
Es la última paga. En los minutos basura de la presidencia de Juan José Ibarreche se han dado las últimas subvenciones a los grupos de presos y familiares de etarras. Es lo que ellos llaman “el colectivo”. Los americanos han denominado a ese tiempo final de los presidentes con el nombre del síndrome del pato cojo. Ibarreche, pato cojo con ikurriña, ha tirado de chequera pública para premiar a los suyos. Sería bueno que cuando entre el nuevo presidente vasco, el socialista, Pachi López, con el apoyo y respaldo de los populares de Antonio Basagoiti, hagan una auditoría de las cuentas públicas vascas, y entren con luz y taquígrafos en los papeles de la policía autonómica vasca, y cambien algunas cosas en la televisión pública, esa que pone a Navarra en el territorio de la autonomía vasca, y también un trozo de Francia, como si fuera suyo por derecho.
Las cuentas de Bárcenas
Jueves, 26
A veces la mejor defensa es un ataque. Sólo a veces. Bárcenas, tesorero del PP, tiene un patrimonio abultado, un paquete inmobiliario suculento, una cuenta corriente inusual, y una popularidad que regalaría a cambio de unos cuantos pisos, seguro. A Bárcenas no le apetecía salir a dar la cara, pero Dolores Cospedal le dio el empujón. Y el hombre de la caja popular salió y pidió, no sé si con la boca pequeña, que se publiquen sus cuentas, que la Agencia Tributaria le haga una auditoría, y que se publiquen los detalles de su administración doméstica. Muy mal tienen que estar las cosas para que un rico diga una cosa así. Porque en los últimos meses tú nombras a la Agencia en el despacho de las grandes fortunas y se echan a temblar. ¿Saben por qué? Porque la inspección se ha extremado hasta tal punto que los ricos sospechan que buscan una recaudación extrema ahora que otros ingresos han fallado. Creo que veremos la declaración de la renta de Bárcenas bien pronto.
Zapatero ya viaja
Viernes, 27
El Presidente ya viaja. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que suspendía un viaje a Polonia por pereza, o se quedaba en casa sin visitar una sola cancillería europea. Ahora que las cosas van mal en nuestra economía, ahora que la política nacional le ha dado sus primeros disgustos, Zapatero ha desempolvado el pasaporte para coger aviones. Y el primero ha sido un viaje de veinte mil kilómetros para pedir disculpas a Estados Unidos por la espantada de Kosovo. En Chile le dio un apretón a Joe Biden, y el vicepresidente de los USA le dijo algo que sonó a ironía: “Estados Unidos le agradece los servicios prestados en Irak”. El estropicio de Carmen Chacón ha costado muchos platos rotos. Hasta los Príncipes están desconcertados y contrariados. Tan solo unos días antes de que la ministra anunciara lo suyo, Felipe y Letizia habían estado en Washington promocionando la imagen y marca de España. Chacón estropeó ese trabajo en unas horas. Vamos a ver a un Zapatero viajero, y quizá se vuelva trabajador.
Manuel Díaz
Sábado, 28
Manolo para los amigos. Me cruzo en Jerez con este hombre grande por humilde, noble por sincero, y cordial como un hotel de cinco estrellas. En una mesa del restaurante comen los Díaz con unos amigos, y en otra se sientan Ángel Nieto y Sete Gibernau con los suyos. Y en algún momento, no recuerdo cual, se cruzan las dos mesas y todo se confunde. Manolo nos habla de su próxima corrida, en homenaje a Picasso, y se lamenta de un país que les da la espalda a los toros, que no quiere saber de taurinos. Se queja Manuel Díaz, del poder político y meidático contra el mundo de los toros y las corridas en particular, porque la afición sigue ahí, en Bilbao, en Barcelona, en Madrid, en Coruña, y suma y sigue. Díaz trata a Nieto de usted, y el campeón se queja, pero Manuel Díaz no se apea del usted ni con un vaso de vino.
Una quiebra prevista
Domingo, 29
A nadie ha sorprendido. Que levante la mano el que se haya quedado perplejo con la intervención de la Caja de Castilla La Mancha y con la defenestración de su presidente, el señor Hernández Moltó. La caja ha sido intervenida por el Banco de España después de un consejo de ministros extraordinario y sobre todo después de que haya sido imposible encontrarle un novio para la boda. Unicaja pidió una buena dote para casarse con ella. Cháves quería llevarse dinero público y le dijeron que no. Y no hubo boda. Por fin el domingo los casamenteros tiraron la toalla y anunciaron la quiebra de la caja y le pusieron una transfusión de nueve mil millones de euros. De nuevo, durante mucho tiempo, hemos soportado el negacionismo de quienes no han querido reconocer una realidad que estaba en la calle, en la calle. En lugar de actuar con celeridad, y dejar que quebraran quienes habían hecho mal los deberes, se ha dejado crecer una bola de nieve. Si la hubiéramos parado a tiempo podríamos estar hablando de que hemos tocado suelo. Con esta política del avestruz prolongamos la enfermedad.
Cándido no quiere trabajar
Lunes, 30
Cándido Méndez ha salido de la cueva para hacer sus primeras declaraciones durante la oprobiosa crisis que nos afecta. De Cándido podríamos esperar una crítica a la política económica, una advertencia de movilizaciones para proteger el trabajo. Pero lo que nos encontramos son dos cosas: pide la semana de cuatro días laborables, y reclama que se aumenten los impuestos a los ricos. Me froto los ojos, y cuando los abro el titular sigue ahí. De este sindicalismo no tenemos nada que esperar. Francia ya enterró la semana de las 35 horas cuando vieron que con menos trabajo eran más pobres. Y de los impuestos ya se ha ensayado todo. Ahora que necesitamos más inversiones, y que el dinero que está escondido salga a flote, viene uno de un sindicato y les dice a quienes lo tienen guardado que si asoman la patita les van a cortar la cabeza. Ni en primer curso de Económicas se puede encontrar una receta como la de Cándido, salvo que uno estudie en alguna facultad estalinista.