Una recomendación de lectura de hace más de tres siglos está en el centro de una investigación de Susana Collado Vázquez, profesora del área de Fisioterapia de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC): ¿por qué el médico Thomas Sydenham aconsejó leer el Quijote para aprender medicina?
Richard Blackmore (1654-1729), poeta y médico de Cámara de Guillermo III, había preguntado a Sydenham (1624-1689), considerado entonces el Hipócrates inglés, qué libros recomendaba para mejorar como médico y enseñar a sus estudiantes. Sydenham le indicó que leyera la obra de Miguel de Cervantes.
Collado Vázquez ha estudiado los posibles motivos de esa respuesta. Los resultados, publicados en la revista Anales Cervantinos, plantean varias interpretaciones: Sydenham pudo despreciar la literatura médica de su época, tratar de ridiculizar a Blackmore o eludir una pregunta que le resultaba molesta. También pudo considerar sinceramente que el Quijote contenía conocimientos médicos y era una lectura útil para aprender la disciplina.
El saber médico que recoge el Quijote
La obra describe heridas, traumatismos y fracturas que requieren cirugía o tratamiento conservador. También menciona más de cien plantas medicinales, entre ellas romero, laurel, ruibarbo y achicoria, además de bálsamos, ungüentos, aceites, cataplasmas, jarabes y otros remedios.
Entre los trastornos que aparecen figuran la epilepsia, la parálisis y las alteraciones del sueño, así como la locura del protagonista, que confunde molinos con gigantes.
Según el estudio, resulta menos probable que Sydenham recomendara el libro por desprecio a su colega o como crítica a la literatura médica. La principal explicación apuntada es que el Quijote reunía conocimientos médicos que, a su juicio, podían servir para aprender medicina.