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Aragón, los ciudadanos no creen ni en el PSOE ni el PP
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Aragón, los ciudadanos no creen ni en el PSOE ni el PP

Por Rafael Gómez Parra

El crecimiento de Vox en Aragón y Extremadura no deja lugar a dudas, los votantes han querido castigar al PSOE, con más fuerza porque es el gobierna, pero también al PP en el que no confían como alternativa aunque en el fondo no haya otra. El partido de Abascal ha sido premiado por los antiguos votantes de los dos partidos mayoritarios aunque muchos de ellos lo hayan hecho tapándose las narices.

El movimiento del 15-M acabó con la dualidad política de conservadores y socialdemócratas que había prevalecido desde el mismo comienzo de la Transición del franquismo y premió en las elecciones de 2015 a un Podemos que prometía acabar con la casta política y hasta entrar en La Moncloa para solucionar los graves problemas que enfrenta el ciudadano. Se equivocaron creyendo que centrarse en el feminismo y en los derechos de las minorías les iba a bastar, olvidando que el 15-M comenzó con manifestaciones por la Vivienda, la Sanidad, la Educación y otros problemas que afectan a todos los ciudadanos, mayorías y minorías.

Izquierda Unida, que si tenía dirigentes obreros y que estaban más `pegados a las realidades del pueblo se deshicieron como un azucarillo en la ideologíaa de Pablo Iglesias que entendía que las luchas futuras tenían que ser entre los de abajo y los de arriba, una simplificación que su esposa, Irene Montero, intentó arreglar poniendo por delante la lucha de las mujeres al estilo de lo que hicieron los grupos feministas norteamericanos en los años 70 y 80 del pasado siglo, demonizando al hombre. El resultado ha sido un fracaso que ahora intenta solucionar enfrentándose públicamente con los oligatecnócratas con Elon Musk.

Lo que predica Santiago Abascal son exageraciones de algunos problemas que preocupan a la población en general, aunque sepa a ciencia cierta que no va a acabar con la inmigración, que los propios empresarios reclaman como mano de obra buena y barata, ni van a tocar la despenalización del aborto, normalizado desde hace muchos años como tuvo que entender Ruiz-Gallardón cuando quiso revertirlo y acabó con su carrera política.

En cuanto Vox entre en los gobiernos, cosa que Abascal tendrá finalmente que permitir porque sus compañeros de partido quieren tocar asiento y los sueldos públicos, lo más seguro es que esta ultraderecha se vuelva a convertir en un partido minoritario a no ser que llegue a un acuerdo con los líderes del PP –no con Feijóo- para gobernar moderando sus políticas.

Aunque Pedro Sánchez es el gran perdedor en los comicios de Extremadura y Aragón, sin importarle haber echado a los cocodrilos a miembros de su equipo, cree que la formación de un gobierno PP-Vox en 2026 o 2027, le da grandes probabilidades de recuperar La Moncloa en las siguientes elecciones, sobre todo si Vox no sigue el camino de moderación de Meloni en Italia.

El PP necesita un dirigente que sepa tratar a Vox sin miedos a hablar de los problemas que representa y sin estar a todas horas pidiendo perdón por tener que depender de la extrema derecha. Si lo encuentran el futuro de Vox será tan corto como el de Ciudadanos o Podemos. Si a Sánchez no le ha pasado factura gobernar gracias a Podemos, a los partidos independentistas (de derecha y de izquierda) a un dirigente fuerte conservador tampoco le haría daño las acusaciones de depender de Vox. Así está el tema