En todos los “restaurantes periodísticos” de esta semana se ofrecen los mismos menús, a elegir en razón del interés político, partidista o simple curiosidad con carga de escándalo, chapuza, bodrio, excremento y suciedad moral que tenga a bien consumir cada comensal; puede, si tiene apetito probar un poco de los tres platos que se le ofrecen desde los medios online, desde las televisiones, desde las radios y, por supuesto, desde la legión de influencer, opinadores e investigadores varios. Llegarán a los postres con la misma sensación de hartazgo y sin visos de ver en la carta, como platos principales, ni una mención a posibles negociaciones y acuerdos sobre pensiones, paro, sanidad, educación, investigación, vivienda, inmigración o programas de investigación.
Para empezar está la reunión que el lunes mantendrán en Moncloa el presidente Sánchez con el presidente del PP. Cita obligada pero de escaso o nulo porvenir. Pedro Sánchez quiere hablar del posible envío de tropas españolas a Ucrania, una vez se haya firmado y sea efectiva una paz entre el gobierno de Volodomir Zelensky y el de Vladimir Putin, mientras que Alberto Núñez Feijóo quiere un acuerdo global sobre toda la política exterior de España, una necesidad de siempre y una imposibilidad de siempre entre los dos principales partidos del país. Cumplirán con la foto de rigor y poco más. El martés pasará por La Moncloa Yolanda Díaz, como representante de un Sumar que ya hace mucho tiempo que no existe, y es posible que la sigan los dirigentes de ERC, Junts, el PNV… menos Santiago Abascal, que si fuera invitado - que debería serlo en razón de que Vox es la tercera fuerza parlamentaria en el Congreso - puede que se negara a ir.
El interés de esa o esas reuniones para el conjunto de los ciudadanos de este paíse es más bien escaso, por no decir que nulo. No parece que la guerra de Ucrania vaya a terminar con rapidez - y menos con Trump y Europa enfrascados en el control de Groenlandia - por lo que hablar del envío de tropas es más una forma de eludir los otros temas que deberían preocupar a los españoles pero que se mantienen en los cajones burocráticos pertinentes, bajo la excusa de que son complejos y de difícil solución, como es la escasez de viviendas y el precio de las mismas, otra mentira más ya que bastaría (ese es de verdad el problema) con cambiar las leyes y dejar que sea la propia acción del mercado la que permita cortar ese aparente nudo gordiano.
Mientras eso sucede y como dos platos golosos y morbosos, muy diferentes y con proyección futura muy distinta, han aparecido en el menú una nuevo ingrediente para aderezar un clásico como es la coción a fuego lento de la figura del expresidente Rodríguez Zapatero y sus múltiples relaciones con la Venezuela de los hermanos Rodríguez, ahora, y con la de Nicolás Maduro, antes. El mismo “Pabellón Criollo” de arroz blanco, carne mechado, frijoles negros y plátano maduro, que de las manos de Delcy, la presidenta en funciones, puede cambiarse por una “Arepa” y los múltiples ingredientes que puede llevar la tortilla de maíz. Cambien los nombres, coloquen el petróleo, el oro y las tierras raras y tendrán la oferta completa que quiere monopolizar el actual inquilino de la Casa Blanca.
La “cocina” de ZP presenta mucha mayor variedad y de más alcance que la de Julio Iglesias, por lo menos hasta ahora y a la espera de que puedan ampliarse las acusaciones sobre el cantante y se llegue a la presencia en alguna de sus mansiones de otro tipo de invitados; una especie de copia en sepia de la isla de Epstein. Este es un menú oportunista de de temporada pero que promete y mucho si los comensales fueran algunos nombres destacados de la fauna social española.
La apuesta más segura para no equivocarse está en lo que podemos llamar la “Fonda Zapatero”, con platos de tres Continentes, desde los sudamericanos de Venezuela y Colombia a los africanos de Guinea Ecuatorial, Angola, Senegal y Costa de Marfíl, sin olvidar al alta cocina de Marruecos. La especialidad china del “pato laqueado y el arroz tres delicias” es un fijo de alto poder alimenticio, cargado de energía. Su éxito entre una buena parte de la élite política de estos últimos veinte años está demostrado, sobre todo desde que en el año 2022 se empezaran a “copiar” los ingredientes de la cocina. Falta por conocer la evolución que hayan tenido durante ese periodo que llega a la España de hoy, pero la meticulosidad con la que se ha realizado el “espionaje industrial” y el alcance del mismo lleva a pensar que los habituales parroquianos del establecimiento hablarán de las excelencias del mismo.