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Cada madrileño pagó un impuesto revolucionario por su piso

lunes 30 de mayo de 2016, 12:03h
Actualizado el: 30/05/2016 12:08h
Lo que está contando el constructor David Marjaliza al juez es la misma historia que puede leerse en la hemeroteca de muchos periódicos de hace quince o veinte años. No lo contaba El País o El Mundo, convertidos en periódicos oficiales del bipartidismo PP-PSOE, pero lo hacían otras publicaciones como Interviú e incluso periódicos locales como “Crónica de Madrid”. Marjaliza, que había sido concejal del PP en Valdemoro, se buscó un socio del PSOE, Cápita, y arrasaron en los ayuntamientos del sur de Madrid, pagando comisiones millonarias a los partidos, a los alcaldes y a los concejales. El modus operandi era siempre el mismo: a cambio de la recalificación del suelo en el PGOU tanto dinero. De esta manera los partidos presentes en el Ayuntamiento costeaban sus campañas electorales y algunos de sus dirigentes se hacían ricos.

Lo que nadie ha destacado todavía .pero también está contado por Marjaliza y por muchos otros constructores madrileños, es que para financiar esas comisiones ilegales, los promotores inmobiliarios las cargaban a los pisos que vendían a los madrileños, es decir que si una vivienda nueva podía vender a 15 millones de las antiguas pesetas, el constructor cobraba, sin que nadie protestara, trescientas, quinientas y hasta un millón de pesetas más.

Si los ciudadanos que compraron esas viviendas se pusieran las pilas podrían reclamar a esos constructores el “impuesto revolucionario” que tuvieron que pagar para que éstos a su vez se lo dieran a los partidos políticos y/o a sus dirigentes. Bastaría que un juez llamara a declarar a los constructores inmobiliarios para que se destapara el melón que nadie quiere abrir.

Y para más inri, los constructores que se negaban a pagar ese “impuesto revolucionario” -estilo ETA- eran rechazados por los Ayuntamientos y sus recalificaciones eran negadas una y otra vez. Pero ni nadie protesta ni a nadie le extraña. Ni siquiera a los partidos nuevos. Es más fácil seguir la corriente e ir a la bajada de la Virgen, al fútbol o a los homenajes a los caídos por dios y por españa.
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