Wert y las becas
Wert y las becas
Gran lío del ministro y los becarios. Todo paso que de Wert se convertirá en una batalla, cada cuestión que proponga en un conflicto. La educación, la instrucción, son el campo de guerra preferido de la izquierda, porque es el que permite más la demagogia, la visualización de las fronteras entre ricos y pobres de una forma mendaz, falsa, distorsionada. Yo soy hijo de un obrero. Cada año tenía que pelear por las escasas matrículas de honor que se ofrecían en mi facultad. Cada honor conseguido con esfuerzo suponía una rebaja de diez mil pesetas en la matrícula del año siguiente, y la posibilidad de optar a una beca, o a un crédito universitario a bajo interés. Y había que pelear porque la competencia era dura. Entiendo que las becas se deben dar a los más motivados, y deber ser suficientes como para suponer un incentivo y una ayuda para los que más lo necesitan. Quitar de las becas el factor del mérito es un despropósito, porque implica restar recursos a los más capaces. La renta debe ser un criterio corrector, no una variable determinante, porque entre las rentas bajas hay también mucho desmotivado que va a la universidad porque entiende que debe hacer algo, buscar un título, llenar un aula. Aplicar la demagogia a estas cuestiones es hacerle un flaco favor a un sistema educativo que no funciona.
Ancelotti, el hombre tranquilo
Y hasta se pone nervioso en las ruedas de prensa, como si fuera la primera vez. Viene Carlo Ancelotti a salvar al Madrid, pero sobre todo a sacar de un apuro a Florentino Pérez, que ha visto cómo la operación para quitarle el liderazgo al Barcelona le ha supuesto al Madrid una quiebra de la simpatía que antes se le tenía. Lo dicen los jugadores, que cada vez les resulta más difícil salir de la capital para jugar aquí y allá, que al Madrid prepotente y soberbio se le quiere menos, se le aprecia menos, no se le valora. Ahora viene el italiano tranquilo, por tanto un italiano raro, que no hace aspavientos, que no se altera, que es como un gentleman para dominar un vestuario de fieras, dividido por las fisuras que provocaba el portugués. Algunos dicen que se le echará de menos. Los periodistas seguro, porque Ancelotti no viene a llenar páginas, ni a dar titulares, sino a gobernar un Madrid hecho pedazos. Veremos si debajo de la apariencia del caballero Ancelotti lleva el látigo de domador.
Bárcenas, a la cárcel
La noticia me sorprende mientras tomo café con un ex dirigente del PP en un hotel de Madrid, digamos que por la Castellana. Le llaman para invitarle a un debate en Tele5 y dice que no, que no quiere saber nada. Pregunta la razón y se la dicen. Cuando cuelga la comparte: prisión incondicional para Bárcenas. Al dirigente le parece bien: “que le manden a prisión y que diga lo que tiene que decir, si es que tiene, y que cada palo aguante su vela, que ya está bien”. En el PP hay nervios, por mucho que Cospedal diga que están muy tranquilos, que no tienen nada que temer. No lo parece. Aznar respira por la herida, y está convencido de que se está abriendo una brecha en el PP, y unos se ponen de un lado y otros del otro, como si Rajoy quisiera separar las aguas, tipo Moisés, y dejar atrás todo aquello que fue Aznar, como si el partido fuera un invento suyo, como si no hubiera habido otra mayoría absoluta que la del gallego. Este ex diputado que tengo delante ha dicho la verdad cuando le han preguntado. Ha sido el primero en hacer ejercicio de transparencia, y alguno no lo ha entendido, y me confiesa que ha tenido algún encontronazo con aquellos de la primera hora que ven en todo esto las maniobras de un PP acomplejado, dispuesto a dejar caer a todos los que estuvieron cerca de Bárcenas, para salvarse así ellos. Me despido del hombre del pelo blanco, que ve las cosas con pesimismo creciente.
Bretón, en el circo
Transmiten las teles el día a día de este juicio al hombre que no pestañea, con esa mirada fría, como concentrada en algo interior. Bretón es un hombre impasible que vive hacia dentro. El juicio discurre por derroteros muy técnicos, y esta vez parece que el circo se ha atenuado, que todo se traslada como en sordina. Uno ve desfilar por la televisión una policía muy correcta, muy sobria en sus apreciaciones, muy medida, que ha permitido reconstruir minuto a minuto la peripecia de unos niños que desaparecieron y que todas las evidencias indican que fueron quemados en esa finca donde se encontraron los huesos, primero descartados, luego identificados. En la fría apariencia de Bretón, en su cerrazón, se han abierto algunas rendijas por las que se ve la luz: confesiones a un pariente, frases pronunciadas en el transcurso de la investigación, detalles, disposiciones, que nos hacen pensar que dentro de esa mirada helada, bajo las toneladas de rencor que tapan su corazón, hay algo de vida. Todos los días nos asomamos al telediario con la esperanza de que lo humano que quede dentro de Bretón rompa el muro y aparezca.
Griñán, que se va
Ha sido la semana de Griñán, de su promesa de no volver a presentarse a las elecciones. Se marchará por tanto sin haber ganado nunca en las urnas. Cháves le dejó al frente del tinglado andaluz para permitir que tuviera rodaje antes del voto. Y convocó cuando le convino, pero perdió. Luego llegó la alianza con los comunistas, y el gobierno. Ningún político con ansias de relevancia habría hecho un movimiento como el de Griñán si no estuviera apurado, apretado, angustiado, con el asunto de los Ere. Griñán estaba allí, era el responsable de los dineros, era el que se situaba a la cabeza del control de los presupuestos. No puede decir que ese asunto no lo correspondía. La trama llega hasta él, y su responsabilidad política es evidente. Griñán se va para no achicharrarse y provocar una caída estrepitosa. Lo ha dicho en el día del debate sobre el estado de Andalucía, y ya no se ha hablado de cómo está la comunidad sino de la fuga de su presidente. Con su maniobra deja a Rubalcaba tocado de muerte, condicionado por el ejemplo del resto de la vieja guardia. Ya no queda nadie de su tiempo, tan solo Alfredo, en su soledad, resistiendo, con todo en contra, sin más incógnita ni misterio que el de anunciar el día de las primarias.
Joselito en Milán
Paseo por Milán, y en el corazón de la capital de la Lombardía, en la vía Spadari, muy cerca de la catedral y en esa milla de oro donde se reúnen como en rebaño las mejores firmas de la moda del mundo, allí me hablan de Joselito, el jamonero. En vía Spadari España no es la selección de fútbol, que también, ni Ferrán Adriá, que también, sino el jamón de pata negra, el Guijuelo que vende José Gómez en Peck, la tienda de alimentación más exclusiva del mundo, una especie de arca de Noé de lo que habría que salvar en alimentos en el caso de una catástrofe planetaria. Llevó hasta Peck a un empresario italiano que no conoce a José ni sabe de su jamón, y sale convertido como si fuera Saulo caído del caballo. Cuando se habla de marca, los italianos nos pueden dar algunas lecciones de cómo se vende, de cómo se promociona, de cómo se hace para que lo nacional sea más importante que lo local o lo regional. José Gómez también. Si los lansquenetes de Carlos I de España hubieran tenido a mano esta tienda con sus joyas comestibles, jamás habrían saqueado la Roma de 1527.
El silencio de Aznar
Llega la escuela de verano de Faes, y Aznar ni se quita la corbata. El calor tiene que llegar a ser tórrido, saudí, para que el ex presidente del partido se quite el lazo. Aznar abre el campamento Faes en silencio, porque teme quizá una sobreexposición. El caso es que entre él y Aguirre, que truena estos días contra la corrupción en el PP parece que copan los puestos de la oposición, tan fuera de juego, tan sin sangre. Aznar ha venido a la escuela veraniega con una propuesta fiscal que estamos locos por escuchar, convencidos de que será una enmienda a la voracidad suicida de Montoro. Para el primer día se ha puesto de bandera a Cospedal, y para no hacerle sombra, para no arruinar su discurso, ha optado por callarse. Aznar ha entrado en un tiempo en el que hablará un día si y otro no. Es el otro PP, ese que teme que le dejen fuera de casi todo, lo primero de las listas al parlamento europeo.