Aguirre tras las alcaldías de Fuenlabrada y Parla

27/10/2011.- Poco importa que los pasados comicios de mayo dibujaran un escenario municipal de poder absoluto del Partido Popular a lo largo y ancho de la Comunidad de Madrid y en particular en el Sur metropolitano. Esperanza Aguirre ambiciona más y para ello mantiene, incluso intensifica, la presión sobre los pocos bastiones socialistas que quedan en pie del otrora cinturón rojo de la región, ahora reducido a Fuenlabrada y Parla.
Sí el acoso y derribo a la alcaldía parleña se antoja a estas alturas casi un paseo militar para los populares, el cerco al Consistorio fuenlabreño presenta más dificultad, aunque el PP madrileño, con su secretario general, Francisco Granados, a la cabeza intente abrir una vía de agua al regidor socialista, Manuel Robles, a cuenta de unas contrataciones municipales que supuestamente tendrían como protagonistas a familiares de algunos cargos públicos.

La bancarrota del Ayuntamiento de Parla se vislumbra ya como el principio del fin del poder socialista en un municipio el que no hace tanto reinaba con poder omnímodo el líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez. El despido de sesenta y seis trabajadores municipales para paliar la grave crisis económica del Consistorio parece que echará por tierra una alianza gubernativa, PSOE e IU, hecha con fórceps.

En el actual escenario, el mantenimiento de un pacto con los socialistas para la gobernanza del Consistorio parleño puede ser una verdadera trampa para los intereses políticos de una coalición defensora, contra viento y marea, de todo lo público, incluyendo el mantenimiento de los puestos de trabajo vinculados a la gestión municipal.

Izquierda Unida, con su coordinador regional a la cabeza, Gregorio Gordo, ha dado por roto el acuerdo, pero todavía deja abierta la puerta para reconducir la situación, consciente como es de que sin su apoyo la alcaldía que detenta José María Fraile queda absolutamente vulnerable a un posible gobierno del Partido Popular.

Un PP que en los pasados comicios se quedó a tan sólo 22 votos de diferencia del PSOE (ambos tienen once ediles) y que bien podría acceder a la alcaldía con el apoyo del único edil de UPyD, siempre y cuando IU se abstuviera en una todavía hipotética moción de censura.

Ante esta realidad no es de extrañar que Izquierda Unida lleve lanzando señales de peligro al PSOE en las últimas semanas para reconducir la situación, como las del propio Gordo, que, incluso, ha llegado a pedir con escaso éxito la intervención de un Tomás Gómez, que sigue haciendo oídos sordos a cualquier llamada de la coalición.

Gómez no ha dicho esta boca es mía, salvo para lanzar balones fuera sobre su responsabilidad en la más que pésima situación económica del Ayuntamiento de Parla. Un silencio acerca del futuro político de esta localidad que no deja de sorprender y que se ha ganado alguna que otra puya de Gordo, que ha dejado caer que aunque se produzca una ruptura de relaciones entre ambas direcciones regionales a cuenta de la crisis parleña, eso “no se iba a notar tanto”, aludiendo así al nulo diálogo que existe entre él y el líder del PSM.

Tras el ultimátum de IU, el balón sobre el futuro de la alcaldía parleña está, por tanto, en el tejado socialista, si bien, el PP, y más concretamente Francisco Granados, continúa presionando a la coalición para que de la espalda definitivamente a Fraile, argumentando que si no es así IU será responsable de los despidos “por acción u omisión”. Con el PSOE contra las cuerdas en Parla, el número dos de los populares centrará su asedio en los próximos meses en la última alcaldía socialista con peso político, la de Fuenlabrada.
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