La esposa, tras varios años de internamiento en una residencia, fallece. El hombre –que supera de largo los ochenta años de edad- llevaba ya tiempo viviendo en casa de uno de sus cuatro hijos y allí permanece tras la desaparición de su mujer.
Un día los hijos comienzan a observar en el anciano comportamientos extraños: sale a deshoras, mantiene largas conversaciones telefónicas, se muestra inquieto y, en ocasiones, muy animado.
Deciden preguntarle y, aunque es persona muy reservada, acaba explicando que se ve con alguna frecuencia con una mujer que fue empleada de la residencia en donde estuvo la madre de la familia; se trata de una mujer de nacionalidad ecuatoriana, que tiene unos 30 años menos que él y que, en su día, se portó estupendamente con la fallecida esposa.
No les aburriré con detalles sobre las dudas de los hijos y los nietos, ni sobre cómo lo que parecía alegría de vivir acaba dando en desquiciamiento, ni sobre las actitudes tolerantes de la buena gente que se alegra de que los viejos encuentren como sea razones para seguir viviendo, etc.
Solo les diré que hoy el anciano en cuestión está completamente arruinado. Y enfrentado a su familia al completo por que ésta no le comprende; no entiende la caterva de hijos, nueras, nietos…que si ha fundido en dos años más de 70.000 euros y una pensión de 2.000 al mes es porque lo ha destinado a un buen fin que es ayudar a esa mujer…al fin y al cabo nunca vivió con ella, jamás le tocó un pelo de la ropa porque, la muy decente, no lo consentía…ella nunca le pidió nada.
Es como una pirueta moral, como una perversión blanca, si vale la expresión. El viejo compró compañía, aceptó ser timado y armó una coartada desde la bondad. Francamente, prefiero enfrentarme a los malvados a tener que lidiar con algo así.
Algunos de ustedes, lectores, ya saben de qué les hablo. Pero para quienes no lo sepan, les diré que, de un tiempo a esta parte, son frecuentes casos parecidos. Siempre son mujeres sudamericanas y, a menudo, ecuatorianas (si alguien ve en esto xenofobia, allá cada cual) y siempre son ancianos varones con una pensión al menos curiosita, con algún patrimonio, etc. Pregunten a quienes tratan profesionalmente con ancianos y/o fíjense en algunos lugares públicos: supermercados, cafeterías… ¿Saben qué se puede hacer al respecto? Nada, absolutamente nada. Bueno…con la ley en la mano, quiero decir.
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