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Depende de la gente

06/07/2010.- Termino de leer el último libro de Susan George, -Sus crisis, nuestras soluciones- y pensaba rellenar este espacio de opinión con algunos comentarios a propósito de lo que George explica. La autora es persona muy comprometida y, para gran incomodidad de algunos, muy bien informada, de manera que el lenguaje radical que a menudo utiliza no es la tapadera de la ignorancia, de la ausencia de sentido común o de la ausencia de eso que algunos llaman pragmatismo cuando quieren decir inmovilismo.

Dice George las cosas con tanta claridad, con tanto tino que, en realidad, no hace falta interpretarla, ni caben demasiados circunloquios a propósito de lo que dice:
"A los que no tenían nada que ver con la crisis, les han robado dos veces: una porque la quiebra del casino (la autora llama a la última excrecencia del neoliberalismo, "capitalismo de casino") ha destruido la relativa seguridad económica de los años venideros; y otra, porque sus impuestos y los de los hijos de sus hijos, se gastarán no en bienes públicos y en una vida mejor para todos, sino en restaurar un sistema absolutamente podrido"…de modo que "el capital financiero ha demostrado ser el enemigo de todos: de los trabajadores, los pensionistas, los agricultores, los sindicalistas, los pequeños empresarios, los ecologistas, los empleados y usuarios de los servicios públicos…" así es que además de a problemas serios que conciernen a la vida cotidiana de la gente (el desempleo disparado, las pensiones reducidas, el probable deterioro de las prestaciones y la acción del estado, nos enfrentamos a un grave asunto de "moral pública…pues los culpables son recompensados con creces y a los inocentes se les dice que se callen y suelten la pasta"
Con franqueza, releo estos párrafos y no se me ocurre un modo mejor decir lo que ha pasado y está pasando. Porque es exactamente eso.

O tal vez sea más que eso: No se trata solo de que el capital financiero, o como demonios debamos llamar a esa cosa que maneja los hilos (mercados, operadores, especuladores…) se haya impuesto a la expresión de la voluntad popular, o sea, los estados y sus organizaciones, es que además, el aparato político –da igual si es de derechas, de izquierdas o medio pensionista- está contribuyendo a sostener al monstruo, a permitir que siga viviendo de nuestro trabajo y de nuestras ilusiones de bienestar, del hambre de los que pasan hambre (cada vez son más) de los que sufren las consecuencias de llenar el mar, los ríos y la atmósfera de puritita mierda, de los que ya no tienen ni siquiera presente.

Dice Susan George que "cuando los dirigentes carecen de visión y de audacia, todo depende de la gente" No estoy del todo de acuerdo: en realidad, depende de la gente siempre. Pero la historia nos demuestra que cuando ya solo depende de la gente, las cosas se acaban complicando aún más. ¿Qué hacer?





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