Colombia es uno de los grandes países latinoamericanos, con una superficie que duplica sobradamente la de España y con una población en torno a 44 millones de habitantes. Durante decenios en la responsabilidad política se alternaron liberales y conservadores, cuya decadencia propició en los años ochenta la emergencia del fenómeno narco terrorista más sangriento de todo el continente. En 2002, Álvaro Uribe, ni conservador ni liberal, llegó al poder con un programa ilusionante. Centró su actuación en acabar con la guerrilla de las FARC. El balance de ese propósito es espectacular: los efectivos de la guerrilla han pasado de 16.000 a 6.000, y en acelerado retroceso; los secuestros se han reducido en un 85 por ciento; los homicidios en un 45 por ciento. Las FAR están descabezadas. La ciudadanía ha perdido el miedo.
El hombre clave para Uribe en su admirable misión fue Juan Manuel Santos, nacido en 1951, en el seno de una familia aristocrática, dueña entre otras posesiones, del diario “Tiempo”, el más importante del país. Un tío abuelo del nuevo presidente también ocupó décadas atrás la máxima magistratura boliviana. Santos estudió en la Universidad de Kansas y posteriormente se doctoró en la London School of Economic y en Harvard. De regreso a su país defendió posiciones, digamos que a la izquierda del liberalismo, lanzando un manifiesto sobre una “Tercera Vía” para Colombia. Uribe le nombró ministro de Hacienda para finalmente situarlo en el puesto clave de ministro de Defensa, y como tal supo darle la vuelta a la situación de la guerrilla.
Santos ha ganado las elecciones como el candidato oficialista del “uribismo”. En la noche de su victoria, lo primero que hizo fue agradecerle a Uribe su apoyo. Pero de inmediato empezó a marcar su propio territorio, enfatizando soluciones ante aspectos en los que Uribe había fracasado. En el debe de Uribe, efectivamente (y pese a lo excepcional de su balance) creo divisiones en su política, miró hacia otro lado ante la corrupción del estamento judicial, y no priorizó política económicas, que es el tema y preocupación número uno para la ciudadanía. “Demos la vuelta a la página de los odios. No más confrontación inútil; llegó la hora de la unidad nacional, de la concordia entre los colombianos”, proclamó Santos la misma noche de su victoria electoral. Esa misma noche reiteró su propósito de centrarse en la creación de empleo y generación de riqueza.
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