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    23 de octubre de 2020

RAUL HERAS

Va ser un dolor constante en el inmediato futuro del Partido Popular. La ex alcaldesa de Valencia está blindada en el Senado y cualquier actuación judicial contra ella debe pasar por su aforamiento. El juez se lo está pensando y en la sede central de los populares ya no saben qué contestar a las preguntas recurrentes de los periodistas sobre Rita Barberà.

Estoy seguro que tanto Pablo Iglesias como Iñigo Errejón y el resto de los profesores universitarios que se han convertido en lideres políticos en apenas 12 meses conocen y han leído a más de uno de los integrantes de los " Angry Young Men", el grupo de escritores británicos que a mediados del siglo XX cambió la forma de mirarse de la sociedad a la que pertenecían. Más que airados, aquí, en España, les llamaríamos jóvenes cabreados, jóvenes hartos del modelo social que les condena a vivir con sus padres hasta pasados los 30 años, que les ofrece salarios de 500 euros, que no encuentran un hueco para sus esperanzas e ilusiones en el futuro al que se asoman.

En la Asamblea de Madrid, los cuatro partidos con representación parlamentaria han escenificado el juego político de las mentiras. En el PP que codirigen Esperanza Aguirre e Ignacio González sabían de antemano que la propuesta que lanzó hace muchos meses la "líderesa" de bajar el número de escaños del Parlamento regional a 65, en lugar de los 129 que existen ahora, era imposible, un brindis al sol, una maniobra de marketing electoral para dejar en evidencia a la izquierda de socialistas y comunistas. Sus 72 diputados,más los ocho de UPy D no llegaban a los 86 necesarios que representan los dos tercios de la Cámara y que posibilitan cambios de ese nivel. En el resto de formaciones sabían lo mismo y conocían las razones por las que la propuesta popular no iba a prosperar.
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