Siempre he pensado que una de las revoluciones culturales más importantes de nuestra era es la gafa montada al aire en su versión contemporánea. Coja usted a un gañán, póngale unas gafas con ese diseño, y tendrá un tipo con aspecto de intelectual o, al menos, un híbrido.
Creo que pasa algo parecido cuando a uno le hacen ministro. De pronto uno empieza a hablar de las cosas que le han dicho que haga y a la audiencia se le abre la boca de admiración: un como ¡joder, pero si sabe de lo que habla! Es como si al traspasar el frontispicio del ministerio, una lluvia de estrellas cayera sobre tu testa recién laureada y llenara tu sesera de entendimiento.
Pero lo de Blanco va incluso más allá: ahora no solo sabe de las competencias propias de su cartera, sino de las de todos los demás, y eso que ni es vicepresidente ni nada. Y así, anda portavoceando al Gobierno en las teles o en donde haga falta.
Si bien se mira, es el signo de los tiempos: Con Zapatero cada vez más delirante en la elección de los globos sonda que suelta, lo que corresponde no es portavoces que se esfuercen en conducirse con rigor, sino una cosa orgánica más festiva, algo chulesca a veces y siempre adaptativa a las cambiantes circunstancias y humores del presidente.
otras opiniones >>