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¿Lo compramos?

Según algunos, la clave está en una palabra, multilateral. Hay ocasiones en las que uno compra con más facilidad aquella alternativa que resulta menos dolorosa. Multilateral es más dolor, porque supone, en términos de una guerra comercial, que todos se enfrentan con todos. Una escalada de aranceles multilateral sería la antesala de una nueva crisis en la que en pocos meses el mundo entraría de nuevo en recesión y, a diferencia de la pasada, el nivel de deuda actual herencia de la Gran Recesión, nos situaría con celeridad cerca del abismo. Si algo bueno tiene el conflicto comercial al que estamos asistiendo, es que se hace más evidente con el paso del tiempo que es EE.UU. frente al mundo, mientras los demás, China incluido, tratan de limitar su respuesta al tiempo que buscan reforzar alianzas. Es la debilidad y la fortaleza de esta crisis. La administración norteamericana rompe con todos, considerándolo un asunto de seguridad nacional, mientras que los demás buscan fórmulas para reforzar su colaboración. Claro que si para EE.UU. hasta su relación con Canadá es un asunto de seguridad nacional, ¿qué es seguro? Lo absurdo de este conflicto es su principal debilidad y, con todas las precauciones, es la razón por la que los mercados mantienen, a pesar de la escalada de amenazas norteamericanas, cierta calma.

La economía española empieza a ralentizarse.
El Índice Compuesto de Indicadores Anticipados de la OCDE da para España su 5º descenso consecutivo.

En resumen, tanto la calma relativa, como la recuperación relativamente rápida tras las sacudidas que acompañan a los anuncios de más aranceles por parte de EE.UU., no son tanto consecuencia de la interpretación de que estamos ante meras bravuconadas, sino de la razonable seguridad de que esto no generará un enfrentamiento global de todos contra todos.

EE.UU. puede imponer tarifas a las importaciones y soportar tarifas a sus exportaciones en similar medida, con un efecto neto sobre el PIB limitado y si acaso con la consecuencia de un incremento en la presión sobre los precios, compatible con la interpretación que hace la Reserva Federal, sin dejar de advertir de los peligros, de continuar con su plan de restricción monetaria a través de la doble vía con la que actúa: la elevación de tipos de interés y al tiempo, la retirada de liquidez mediante la liquidación de la cartera de bonos adquiridos mediante los sucesivos programas de QE. El efecto neto en los mercados de divisas sería la no alteración del status quo, lo que explicaría a su vez porqué el dólar mantiene su tono predominantemente firme a pesar de que si China tiene una baza importante con la que apretar las tuercas a los norteamericanos es precisamente su enorme cartera de bonos del Tesoro. Bastaría que China pusiese a la venta su cartera de títulos para provocar una crisis en los mercados financieros que obligase a los bancos centrales a replantearse sus políticas de abandono de la QE. Claro que el coste sería una fuerte apreciación de su divisa con el consiguiente efecto en su crecimiento. Es más inteligente e inocuo lo que están haciendo, conduciendo el yuan a su depreciación, aunque eso arriesgue desencadenar una escalada semejante de otras divisas asiáticas.

Se estima que cada 5% de depreciación del yuan, se traduce en un 0,4% de crecimiento del PIB si es que no se desencadena con ello un ajuste similar en otras divisas.

Es posible que estemos forzando la interpretación dulce que deseamos, pero no es menos cierto que, a pesar de los episodios de volatilidad, lo que aquí exponemos es consistente con lo que vemos. Después de todo, nadie más que los norteamericanos están por el conflicto con todos, y eso no es multilateralidad. Compramos.