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Agitada vida interior en el bipartidismo

29/11/2011.- Los resultados electorales de 20-N produjeron efectos en los dos grandes partidos nacionales que conforman lo que algunos consideran un bipartidismo casi perfecto. El PP de Madrid, contento por la victoria que llevará a su líder, Mariano Rajoy, a la gobernabilidad de España, se agitó días después del triunfo en las urnas. Todo sucedió rápidamente. El miércoles después de la gran derrota del PSOE, Esperanza Aguirre reunió, como presidenta del PP de Madrid, a los miembros del Comité Ejecutivo y les comunicó, después de variar a última hora el orden del día del cónclave popular, que el que había sido secretario regional del partido desde hace 7 años, Francisco Granados, ya no lo era.
Ya no se es de su agrado y prefiere que no esté. Cayó en desgracia. Muchos quedaron sorprendidos por las formas de aplicar unos estatutos que no se llevan bien con la necesaria democracia que debe regir y guiar la vida de los partidos. Eso dice un artículo de la Constitución que no se ha desarrollado todavía. Además, quedaron mosqueados por la manera de enterarse de algo que luego votaron. Unos dicen que tiene que ver con las diferencias de siempre entre Granados y su sucesor, Ignacio González, otros que guarda relación con el posible interés de Rajoy por el poder popular en la Comunidad de Madrid y algunos prefieren no opinar no sea que expresen en alto sus verdaderos pensamientos y se den cuenta que da más placer eso que repetir los argumentos oficiales. Aguirre cesa a Granados aplicando un artículo de un reglamento interno necesitado de muchos retoques. El otro bando del bipartidismo, el del PSOE, tarda en reaccionar y entender con claridad lo que supone obtener unos resultados que no se recordaban desde hace demasiados años. José Luis Rodríguez Zapatero dejará la Presidencia del Gobierno y la Secretaría General del PSOE sin saber muy bien qué hacer ni recomendar a los suyos. El secretario general del PSM, Tomás Gómez, quien poco a poco se está haciendo un hueco en las informaciones nacionales de su partido, no se siente responsable del fracaso porque los responsables son la crisis y el desgaste del zapaterismo. No pide directamente ceses ni dimisiones porque los demás podían hacer lo mismo con él, ya que los resultados electorales de los socialistas madrileños de noviembre y mayo de 2011, no le dejan en buen lugar como mandamás en la comunidad. Con independencia de lo dicho y hecho por él antes del 20-N, merece todo el reconocimiento por el valor y decisión a la hora de pedir que el próximo secretario general del PSOE se decida con la participación de todos los afiliados. No cabe ninguna duda que su aportación al reconocimiento de las elecciones primarias en los partidos políticos es indudable. No hay mal que por bien no venga. Ha sido una semana postelectoral agitada desde el punto de vista de la vida interior de los dos grandes partidos. Las demás formaciones con escaños en la Asamblea de Madrid, IU y UPyD, encantadas por haber obtenido más votos que hace cuatro años.
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