Cosa diferente es que la ministra haya consumido ese fin de semana, que supongo que maldecirá mientras viva, en una residencia vacacional del Ministerio de Sanidad. Que los ministerios puedan tener ese tipo de residencias es algo discutible, pero el lazareto menorquín lleva mucho tiempo de existencia y no creo que la señora Pajín haya sido el primer/a ministro/a que lo haya visitado, pagándose, eso sí, la estancia.
Sí, este comentario es una defensa de Leire Pajín como persona, merecedora de todo el respeto a su dignidad: nadie en este Gobierno ni, creo, en ningún otro ha sido más atacado por conceptos ‘personales’ que la actual titular de Sanidad. Se han cargado sobre ellas culpas que atañen exclusivamente a algún familiar, se ha ridiculizado su estética, algún energúmeno llegó incluso a burlarse de su nombre. No lo merece, sinceramente. Ni ella, ni nadie.
Y desde luego que mantengo mis críticas a la gestión de Leire Pajín como ministra. Unas críticas duras, que ella misma me ha reprochado. Pero no veo a la señora Pajín ni en ese Departamento ni, en general, como miembro del Gobierno: creo que aún necesita más rodaje dentro de su partido y pasar por más escalones en la Administración (aunque cierto es que como secretaria de Estado de Cooperación ejerció una labor bastante positiva; ocurre que las circunstancias no son las mismas ahora que entonces, cuando había dinero para repartir desde Exteriores).
Pero esas críticas políticas ya las he expresado en otras ocasiones y, probablemente, si no hay remodelaciones ministeriales a la vista, habré de seguir haciéndolo: es una obligación y hasta una devoción. En su momento. Hoy toca defender a doña Leire Pajín, que es mucho más que una ministra del Gobierno de Zapatero. Es una persona.
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