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El año que viviremos peligrosamente

10/01/2011.- Peter Weir dirigió en 1983 una película que nos cuenta la historia de un reportero norteamericano que se desplaza a Indonesia, durante la insurrección comunista contra el Presidente Sukarno y que vive las dramáticas vicisitudes de un escenario sin garantías y preñado de riesgos.

La película se llamaba “ The year of living dangerously” , título que hago la gracia de traducir al castellano para los estudiantes de la LOGSE como “El año que vivimos peligrosamente”.

El escenario en el que hoy vivimos los españoles por suerte no es bélico pero, como el que se refleja en la película a la que me estoy refiriendo, cada vez ofrece menos garantías y está saturado de más riesgos.

Yo ya apenas me fijo en la economía como problema, porque se ha convertido en una enfermedad crónica, y por ahora no hay más solución que modificar tu estilo de vida y hacer como los cubanos que cada día se inventan algo para salir de la miseria.

En lo que yo me fijo es en cómo nuestro gobierno se esmera cada día en recortar libertades y derechos sin que apenas nos demos cuenta, porque lo hace con la buenísima intención de que cada día seamos mejores ciudadanos.

Zapatero y sus ministros parece que acaban de leerse la Constitución de Cádiz, porque la del 78 la tienen ya olvidada, y quieren implantar por ley que “todos los españoles seamos buenos y benéficos”.

La que está por aprobar en los primeros meses de este año es “ la ley de trato digno”, mediante la cual se castigará cualquier discriminación que se haga por razones de raza, sexo, religión, convicciones, discapacidad o edad. Estos derechos ya están reconocidos en el artículo 14 de nuestra constitución, pero la novedad que incluye este proyecto de ley es que los acusados no tendrán derecho a la presunción de inocencia y tendrán que demostrar que su conducta fue correcta.

Asi que, caballeros, átense los machos y aténganse a las consecuencias.

Como a alguien se le ocurra llamar moro a un moro, negro a un negro, gordo a un gordo o maricón a un maricón, irá de culo y nunca mejor dicho. Pero aunque no lo hiciera si uno de estos ciudadanos te denuncia por haberlo hecho, también irás de puto culo salvo que puedas demostrar tu inocencia.

La ley en la que trabajaba Bibiana Aido y que ha sido recogida por la ministra Leire Pajín tiene, como todas, un fondo de buenismo, pero conculca derechos democráticos, como la presunción de inocencia





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