www.cronicamadrid.com

Wikileaks

30/11/2010.- ¿Hay un antes y un después en las relaciones de la diplomacia estadounidense tras la puesta a disposición de documentos secretos por parte de Wikileaks? En mi opinión sí.

En primer lugar: ¿Ha hecho bien la fuente en entregarlos a algunos medios de comunicación? Por supuesto que sí: si yo fuera estadounidense querría saber qué se hace en mi nombre; aunque alguien me tachara de insensato. Y desde luego, en cuanto ciudadano de otra latitud concernido, más aún. Aunque se me tache de ingenuo.

En segundo lugar: ¿Es responsable por parte de los cinco periódicos la publicación de los tales documentos? No se puede ser más cuidadoso: los cuatro, (El País, The New York Times, The Guardian, Le Monde y Der Spiegel) han optado por concertarse –interesante, por cierto, experiencia de periodismo global- para hacerlo evitando dar a conocer datos sensibles que podrían poner en riesgo la seguridad de personas. De modo que, sí, han hecho lo que debían, porque el asunto es de interés general.

Lo de menos, naturalmente, es la parte frivolota del asunto, o sea, si a los informantes, Alicia Cristina Kisner les parece adicta al botox, si Putin es autoritario y machista y Medvédev medio bobo, o si el hermano del primer ministro afgano es un poco traidorzuelo, etc. Lo de más es la debilidad de los sistemas de información, a lo que parece, perfectamente permeables. Da pánico pensar en manos de quien y de qué está la seguridad. Claro que, puestos a elegir entre dos intereses contrapuestos, el derecho a saber y la seguridad a cualquier precio, la verdad casi prefiero saber por donde me pueden venir las tortas.

En el Departamento de Estado andan preocupados porque cuanto se está conociendo afectará a sus relaciones con terceros países. El perspicaz Bush opina que hay que meter en la cárcel al filtrador. Como diría mi abuela: "¡que lastimica más grande, Señor!"



otras opiniones >>

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios