Con todo, ahí están los resultados y aunque el estudio ofrece multitud de sugerencias para el análisis y la reflexión, hay dos cuestiones muy dignas de mención. Una, la alta consideración y puesta en valor de la familia y, por otro, el abatimiento con que nuestros jóvenes observan el futuro, hasta el punto de estar convencidos de que el esfuerzo no siempre es rentable y que, además, ellos van a vivir peor que sus padres.
La familia y lo que la misma supone de referente, de reducto de seguridad y de elemento que garantiza, cuando menos, las necesidades básicas es un valor que está ahí, que no ha decaído con los tiempos y que cuando estos son de crisis e incertidumbre se convierte en un bien especialmente apreciado. ¿A dónde mirar cuando uno se siente perdido?
Nuestros jóvenes, con su abatimiento, intuyen muy certeramente que ellos van a vivir peor que sus padres. Y es verdad. En los inicios de la actual crisis económica ya hubo más de uno que aventuró que de la misma saldríamos no sólo con profundas reformas estructurales sino con un cambio drástico en nuestras vidas. Cuando salgamos de la crisis, necesariamente, nada va a volver a ser lo que ha sido.
Necesariamente se vivirá de otra manera porque será necesario someter a un drástico recorte nuestras apetencias materiales. Sin remedio, nos tendremos que acostumbrar a vivir con menos, rompiéndose así lo que parece una evolución natural de las cosas. Los que ahora tenemos hijos hemos vivido y vivimos mejor que nuestros padres y ellos, nuestros padres vivieron mejor que nuestros abuelos. Este orden que parecía natural ha dejado de serlo y aunque a nosotros, padres, nadie nos había avisado de ello, tendremos que preparar a nuestros hijos para que entiendan que ese "vivir peor" será, en realidad "vivir distinto" sin que ello tenga que conllevar frustración.
Ese futuro está ya y es lamentable, aunque en muchos casos muy comprensible, que nuestros jóvenes integrantes de uno de los mejores países del mundo se sientan abatidos, como si nada tuviera remedio. Urge hacerles ver que el esfuerzo, el sacrificio, la confianza en uno mismo, son valores que en si mismos contribuyen a la salida del túnel. Cualquier cosa menos renunciar a comerse el mundo que es lo que toca cuando uno es joven.
otras opiniones >>