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El sistema

12/07/2010.- Según una vieja y conocida historia, una herradura se perdió por la falta de un clavo, lo cual llevó a que se perdiera un caballo y, por su falta, se perdió un jinete. Por la ausencia de dicho jinete, se perdió una batalla y esto provocó la pérdida de un reino. Así es que cabría decir que, llevando el asunto a sus extremos, tal reino se perdió por el extravío de un humilde clavo.

Es algo parecido a lo que se conoce como el efecto mariposa: el simple aleteo de este delicado insecto puede llevar, a través de sucesivas ampliaciones, a que se desencadenen huracanes al otro lado del mundo.

Antes iba uno a una sucursal bancaria, entregaba un talón al portador y el ventanillero te pagaba la cantidad consignada en el documento tras una sencilla indagación. Ahora puede ocurrir que hagamos el mismo trayecto y al entregar el cheque se nos diga la frase fatídica: "no podemos atenderle porque se ha caído el sistema"
No hay apelación posible porque lo sistémico es tan grande, tan inaprensible, tal inexcrutable que nos deja pasmados tanto a quienes demandamos el servicio como a quien ha de prestarlo.

Si la "caída" del sistema es breve, todo habrá quedado en una momentánea zozobra y la consiguiente molestia. Pero imaginemos que no es así, que el sistema no vuelve a funcionar en horas o en días: la avería que el efecto multiplicador de la imposibilidad de cobro puede provocar en nuestros asuntos domésticos por ejemplo, es fácil de imaginar.

Hay otra imagen que también vale: en invierno la nieve se acumula en las montañas y forma depósitos inestables: llegado el caso, un copo más, un ruido imprevisible, un eco, una causa nímia, dan lugar a un alud y toneladas de nieve se precipitan arrasándolo todo hasta constituir una realidad nueva y distinta que tal vez implique que quedó enterrado todo rastro de vida.

Cada vez resulta más evidente que las crisis económicas, los problemas medioambientales, los demográficos y migratorios, son la misma cosa. Son el modo como se expresa la degradación del sistema en el que vivimos, nos desarrollamos y crecemos (por cierto y a propósito del crecimiento como panacea neoliberal: ¿se puede crecer indefinidamente en un espacio por definición finito como es el planeta?)
¿Alguien predijo la crisis económica más grave que aún padecemos? No.
¿No será que cuanto más perversa complejidad introducen en el sistema la irresponsabilidad culposa de quienes solo miran el presente y su beneficio inmediato, cuanto más incapaces se muestran los estados para escapar del ciclo infernal: crisis- más deuda para paliar sus efectos-más crecimiento para atender la deuda, más inestable y débil se vuelve el sistema mismo, más expuesto está a efectos devastadores que pueden originar causas a priori menores y desconocidas?
Da pánico pensar que, si nada cambia -y nada sustancial parece estar cambiando- la próxima crisis puede ser aún peor; que puede hacerse realidad lo que el urbanista Paul Virilo llamaba el "accidente integral"





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