Gutiérrez, quien tras abandonar la secretaría general de CCOO, que luego ocupó José María Fidalgo, siempre había dicho que no iba a entrar en política, accedió primero a participar en la elaboración del programa electoral del PSOE. Después, en las elecciones de 2004, sucumbió también, como otros muchos, a los 'cantos de sirena' de Zapatero que le fichó para 'su causa’ entre lisonjas y alguna que otra jugosa oferta, si ganaban, claro. Entre ellas, ser ministro de Trabajo, una sugerencia que le dejó caer cuando le llamó para decirle que iba a ir como número cinco de su candidatura. Él le contestó que no aspiraba a ningún cargo y que si aceptaba era únicamente para aportar su ‘humilde’ experiencia. No obstante, me consta que anteriormente, en 2003, Zapatero ya le había tirado los ‘tejos’ pidiéndole que fuera acompañado a Trini en la candidatura municipal del PSOE y que, por motivos de peso, Gutiérrez no quiso.
Pero, volviendo a aquel 2004, bien es verdad que entre las aspiraciones por entonces de Gutiérrez no estaba ocupar ‘precisamente’ esa cartera ministerial, en la que tarde o temprano sabía que tendría que sentarse a negociar frente a frente con los que habían sido sus compañeros de sindicato, algo que no le seducía nada, desde luego. Aunque algún ‘regustillo’ debió darle pensar que, llegado el caso, Fidalgo, -con el que es de sobra sabido que no se dirige la palabra- , iba a tener que tratarle como merece tal rango. El presidente se decidió, sin embargo, por Jesús Caldera.
Ya como presidente del Gobierno, Zapatero perdió todo interés por el ex dirigente sindical al que podía haber nombrado cualquier otra cosa – secretario de Estado, director general o incluso haberle ofrecido otra cartera-, pero no lo hizo.
Gutiérrez fue designado presidente de la Comisión de Economía del Congreso, un cargo que, como ya he contado en otras ocasiones, conlleva un suculento complemento económico y no da demasiados quebraderos de cabeza. Y allí sigue el hombre, ocupando un bonito despacho que él mismo considera un lujo excesivo porque es de los que piensa que cuando más sobrios son los despachos, mejor, porque así no se distrae uno y no se le coge apego al cargo político que, a su juicio, es una circunstancia “saludablemente pasajera”.
Tampoco es que se canse mucho. Entre 2004 y 2010 solo figuran en su haber dos preguntas en pleno, una al iniciar la anterior legislatura sobre la concesión de medalla al mérito del trabajo a las víctimas del 11-M, y otra en marzo de 2009, como vocal de la Comisión de Asuntos Exteriores, al ministro Miguel Angel Moratinos sobre cómo valoraba el gobierno el anuncio de la asistencia de Barack Obama al foro de la Alianza de Civilizaciones que se iba a celebrar un mes después en Estambul.
Después de observarle todo este tiempo, he llegado a la conclusión de que Gutiérrez, -quien por cierto, no es madrileño si no alicantino (nació en Orihuela en la primavera de 1951)- , no parece disfrutar mucho con esto de la política. Ni se ha rodeado de amistades ‘influyentes', ni en estos difíciles momentos de paro, huelgas y crisis quiere protagonismo. Tampoco se le ve demasiado cómodo con la gestión que está realizando Zapatero.
Es más, tengo mis dudas de que vuelva a presentarse en las elecciones de 2012. Hay un dato que, sospecho, le echaría definitivamente para atrás: que Fidalgo diga ‘sí’ a Rosa Díez como candidato municipal de UPyD por Madrid y diera –como se rumorea- el salto también a la política.
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