Después de que las cartas se hayan puesto boca arriba y la problemática realidad económica sea innegable, la sociedad española demanda una rápida y eficiente reacción. Exigencia que es mayor hacia el Gobierno pero de la que no se libran ni la oposición del PP ni el resto de partidos políticos.
Zapatero, acuciado por esta presión, ha puesto en marcha las negociaciones previas para un gran Pacto de Estado. Según una última encuesta de Sigma Dos publicada en el diario El Mundo con fecha 18 de febrero de 2010, casi el 80% de los españoles cree que Zapatero, Rajoy y los demás líderes políticos deberían llegar a un pacto para gestionar la economía española. En otra encuesta, en este caso de la empresa NC Report publicada por La Razón, más de la mitad de los españoles cree que el PP debe ayudar al Gobierno a salir de la crisis.
Todos los analistas consideran que estamos en un momento en que todos los partidos deben de converger al máximo nivel para buscar alternativas para afrontar la crisis.
En este debate son muchos los que llegan a hablar, incluso a demandar, un gobierno de amplia mayoría formado entre el PSOE y el PP, lo que significa el 80% del apoyo popular de los españoles. Lo que en los primeros años de la democracia se llamó ‘Gobierno de concentración’, auspiciado en aquél momento por la necesidad de consolidar la incipiente democracia y conjurar los movimientos desestabilizadores y entre ellos el terrorismo de ETA.
Hay otras alternativas como es la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones generales, o la insinuada por Rajoy dimisión de Zapatero por otros dirigentes socialistas.
En caso de alcanzar un gobierno bipartidista, suenan como posibles cogestores por el lado del PSOE, Bono y Pepiño Blanco, y por el PP el recién elegido presidente de la Caja de Ahorros de Madrid, Rodrigo Rato, y el alcalde de la ciudad, Alberto Ruiz-Gallardón.
Todo esto en un marco en que todas las encuestas dan, para unas hipotéticas elecciones generales ahora, como ganador con una ventaja significativa y sólida, al Partido Popular. Como es evidente que el que ganó las elecciones fue el PSOE, también con suficiente diferencia y con suficientes diputados, que además cuenta con apoyos más o menos explícitos de otros grupos políticos para obtener en cada momento las mayorías parlamentarias suficientes, no es pensable que el PSOE pueda aceptar un gobierno de estas características, sino es con la presidencia de un miembro del Partido Socialista.
Aquí habría otro problema, y es que es difícil que Zapatero acepte un gobierno que aunque fuera presidido por un socialista no fuera él.
En todo caso, sólo faltan como máximo dos años para las elecciones generales y el partido de Rajoy se las promete muy felices con una, para ellos, segura victoria electoral, y en ningún caso van a comprometerla formando parte de un gobierno presidido por sus rivales electorales. Imposible, bajo ningún punto de vista, uno presidido por el Partido Popular.
Tenemos una experiencia reciente en Europa de un caso práctico, el gobierno formado en Alemania en anterior legislatura presidido por Ángela Merkel y formado por demócratas cristianos y socialistas. Prácticamente empataron electoralmente y al ser presidido por Merkel, en las siguientes elecciones el partido de ésta ganó con total claridad a los socialistas. Lo que significa que en un gobierno de varios partidos lo capitaliza quien tiene la presidencia.
En esta situación lo deseable sería un pacto global económico. En estos momentos parece que ni siquiera esto se va a dar, por la presión social de la que antes hablábamos es previsible que se consensúen bastantes medidas, pero sería deseable que se llegase a dicto pacto.
A mi juicio, al Gobierno, e independientemente de las necesidades del país, por interés puramente electoral le convendría ceder en determinadas cuestiones para facilitar el pacto con el PP, en concreto sería una buena válvula de escape retirar el incremento del IVA que tiene previsto para el próximo 1 de junio.
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