Lara y la secesión
JULIO, EN MALABO
No es el primer cantante español que se pasea por Malabo y canta ante la familia Obiang. Antes que él, fue Chenoa. Teodorín la contrató para su fiesta de cumpleaños. La chica fue, cantó, cobró y se volvió a casa. Lo de Julio Iglesias ha sido más sonado, porque el régimen le ha utilizado para sacar su foto en la prensa internacional y desmentir que vivan agobiados por sus problemas judiciales. Teodorín no puede salir del país por miedo a que le detengan en virtud de una orden de captura internacional firmada por Francia. Pero como tiene dinero, contrata a los cantantes para que le amenicen la espera. Julio se instaló en el Sofitel de Sipopo, cantó en el Palacio de Congresos ante la familia Obiang, y dice que cobró por la vía legal y rápida, lo estipulado. A Julio le han sacado los colores unas cuantas ONG que dicen haberle enviado mensajes de advertencia, y peticiones para que no colaborara con el gobierno de Obiang. Ni por esas. Julio dice que no las recibió, o quizá se le han traspapelado. Añade que lo suyo es cantar, y que no tiene idea de lo que los gobiernos hacen o deshacen. A Julio le ha pasado lo que a Bono, que fue a Guinea y se dio cuenta de que allí a los españoles se les quiere, les tratan con cariño, y tenemos más cosas en común de las que nos separan. Y a Julio, que es un sentimental, se le ha ablandado el corazón.
WERT Y LA ESCUELA
Hay que reconocer que lo de “españolizar a los niños catalanes” ha sido una trama en la que Wert, ministro hábil en el verbo pero poco ducho en las tretas, ha caído con armas y bagaje. A Wert le han hecho un corta y pega y con un tijeretazo por delante y otro por detrás le han hecho un roto que está sirviendo para que las izquierdas y los nacionalistas, si es que alguien sabe separarlos, le den hasta en el carné de identidad. Wert no dijo lo que dicen que dijo, o al menos no dijo exactamente eso. Sus palabras hay que ponerlas en el contexto de una pregunta parlamentaria. Pero organizado el lío, Wert tampoco ha hecho ningún esfuerzo por matizar, precisar, o ajustar su declaración. Así que entre frase y frase, el nacionalismo catalán sigue construyendo el fantasma del centralismo madrileño y la “una y grande y libre” que ya no está en ningún lugar porque ha sido barrido por la ley de memoria histórica. Al gobierno de Rajoy le pillan en todas, unas veces por omisión y otras por exceso, en unas ocasiones por hablar demasiado, y en otras por no decir nada. “Estamos en un lío colosal”, diría Rajoy. Y ya advirtió Ortega que la primera regla del decir consiste en nunca pronunciar lo obvio. Rajoy, rey de la obviedad, tiene a Wert, que ha conseguido aparecer, sin quererlo, como un profesional de la provocación.
DISPAROS AL REY
Todo era una broma, dicen los que dirigían el programa. El caso es que en la televisión pública catalana el humor consiste en disparar al Rey pintado en una diana, y darle balazos a otra con la cara del escritor Sostres, quizá el mejor provocador, el más faltón y atrevido el panorama patrio. En la tele catalana todo es un broma muy seria, porque cuando todo es humor suele ocurrir que se ha perdido el sentido, el común y el de la diversión. Tanto reírse de algunas cosas importantes, y han terminado por echar a la hoguera el patrimonio nacional. Es lo que tienen las bromas. Como cuando Gila hacía aquel chiste del padre al que le habían quemado al hijo en un divertimento de pueblo. También le ha pasado a Buenafuente, que no se explica que los empresarios tengan mala prensa, y que cada vez que hacen un Ere se les llame hijos de su madre. Estos días le han recordado en alguna emisora alguno de los monólogos que dedicó a los empresarios, o a su patronal CEOE. El primero en reírse de la situación económica de algunas sociedades ha sido el propio Buenafuente. Eso sí, lo hacía de broma, sin que aquello pudiera tener otras consecuencias que unas risas en una reunión de botellón. Tanto reírnos, se nos va a quedar la sonrisa congelada, pero de frío.
LA INFANTA DESFILA
Fue al desfile del Día de la Hispanidad, pero la primera en desfilar fue ella. Desfilar en sentido de salir de la tribuna real para pasar a la de los políticos, como si Elena fuera parte de la oposición, o una infanta de taifa de algún territorio autonómico. Elena no se merecía ese trato. Lo digo sobre todo porque le tocó presenciar el desfile de la tropa junto a Rubalcaba, tipo correoso y que no da ningún prestigio a una dama, más al bien al contrario, estropea su reputación. Elena ha terminado por pagar los errores de su hermana y de su cuñado, y de una tacada ha sido desplazada de la diestra del Rey y de la Reina. Hay pecados familiares. Hay pecados que salpican a los hermanos, y culpas que se pagan a medias, a pesar de no tener nada que ver en los asuntos del deporte y el turismo, que eran la gran vaca gruesa de don Iñaki, gran cliente de los juzgados. Sin aviones y sin apenas tanques, Elena fue la noticia del desfile. Ella, que es bien mandada, dijo que “esto tenía que llegar algún día”. Si, infanta, es verdad, pero duele, ¿a que sí? Sobre todo por tener que dar explicaciones. Creo que el año que viene no irá, ella que ha sido abanderada de algunos regimientos con historia que todavía perviven en el ejército español. El año que viene es posible que se quede en casa, donde puede caminar descalza, como una condesa, sin que nadie le haga desfilar.
MARÍA DE VILLOTA
Esta ha sido la semana de María, María de Villota, que volvió a enseñarnos su sonrisa, y su parche azul en el ojo, a juego con el vestido. María se estrelló con un fórmula uno de pruebas el 3 de julio de este año, en un circuito británico. El coche se fue contra un camión que entró en la pista, y estuvo a punto de perder la vida por un despiste. Esta semana regresó, primero a las páginas de Hola, y luego a una rueda de prensa en la que lució espléndida, que diría un argentino. María ha vuelto con su espíritu positivo, entusiasta, corajudo. Dice que ahora ve mejor las cosas, y no es broma. Me recuerda a un amigo invidente que siempre repetía que la vista engaña mucho, que no hay que fiarse de lo que uno ve, que hay que mirar las cosas con otros sentidos, mucho más agudos, mucho más precisos. María de Villota se ha reencontrado con la vida, ha vuelto a nacer a una edad madura, y sabe que aquel camión podía haber sido su final, y que todo el tiempo que ahora le queda, que sea mucho, es un regalo de los dioses. Viene bien ese espíritu optimista, ese ver la vida que nos queda como una oportunidad diaria de hacer felices a otros, y no como un camino pesimista y arrastrado, que es ahora lo que predomina en nuestro ecosistema, que diría un ecologista. María, más bella que la princesa de Éboli, sonríe con su ojo parcheado, que es con el que más ve.
FÉLIX SUPERSÓNICO
Hay algo de milagroso en tirarse desde esa altura y llegar a tierra caminando, como quien se quita el polvo de los hombros. Félix se tiró desde la estratosfera, y gracias a la cámara que llevaba incorporada la cápsula pudimos ver lo que es la tierra desde una atalaya tan lejana. Tiene algo de irreal, con esas manchas como piscinas de arena en el fondo. Félix rompió la barrera del sonido a más de mil cien kilómetros por hora. Ya sabemos que en esa situación un humano puede no perder el sentido y mantenerse sobrio y despejado. Hubo un momento en que su cuerpo empezó a hacer trompos, y todos pensamos que le había dado un mal aire, un desvanecimiento, un algo. Pero no. Desplegó el paracaídas, y llegó a tierra y no se dio de bruces, sino que se puso a caminar, a dar unos pasos como para desentumecer las piernas. Allí estaba la familia, con el miedo ya pasado de llevarse a casa un cuerpo inerte, sin vida. Para que luego digan que cuanto más se sube más dura será la caída. Félix tiene tres o cuatro sitios en la guía de los récords. Su aventura tiene patrones y mucha tecnología detrás. La red permitió que muchos dejaran sus mensajes. Hubo bromas, algunas pesadas, otras ingeniosas. Hubo uno que dijo que no se podría tirar, porque las pelotas no le cabrían por la puerta. Al final si pasaron. La cosa ha servido para comprobar que para un salto así hay que tenerlos bien puestos.
LARA Y LA SECESIÓN
Me preocupa. El único empresario que habla de la secesión catalana es Lara. Se ha erigido en una especie de conciliador matrimonial, en un intermediario en un caso de divorcio, en un consejero de parejas al borde de la ruptura, uno de esos que invitan al diálogo, cuando la verdad es que hay uno en todo esto que no tiene muchas ganas de dialogar. Lara está preocupado, y sabe que se juega la cuenta de resultados, y el tener que trabajar, como él mismo dice, de lunes a jueves en Madrid, para volver el viernes a ver a su esposa a Barcelona. Pero en esto Lara está solo, más solo que la una. Se echa de menos la voz de Rosell, del jefe de la patronal, que algo tendrá que decir, como empresario, como catalán, y como español. Seguimos esperando.