Dedicado, por ejemplo, a Fran Llorente
23/09/2011.- No lo digo solamente por las ruedas de prensa sin admitir preguntas, ni por las salidas de tono de algunos de los consejeros de Administración de RTVE, a los que les gustaría 'estar muy al tanto' de lo que hacen los redactores, vaya usted a saber con qué propósito. Ni tampoco lo digo por esa pretensión de 'uniformar' las informaciones televisivas en las campañas electorales.
Ni siquiera por el elevado índice de desempleo, de subempleo, de injerencias autonómicas y locales en la función del informador. Todo eso parece, ay, estar ya aceptado en nuestros usos y costumbres. Y, por ello, me ha parecido emocionante la rebelión del director de los informativos de la tele pública, Fran Llorente, ante lo que podrían intuirse como indicios de censura previa por parte del Consejo. Un Consejo de Administración en el que una parte de sus integrantes parece haber aprovechado la situación de interinidad en que vive RTVE para lanzar el órdago, afortunadamente ya superado, de 'supervisar' la elaboración de los telediarios. Una aspiración, por lo demás, largamente sentida por algunos en un Consejo que no ha sabido encontrar su papel en los dificilísimos meandros de lo que fue el Ente.
Ya digo que lo de Llorente es solamente un ejemplo, el último, de sana rebeldía ante una mala coyuntura, en la que los medios, zarandeados por una revolución tecnológica sin precedentes y por una crisis económica que tiene muy variados motivos y vectores, también tendremos que hacernos, en general, una autocrítica. Supongo que no en vano hemos descendido bastantes peldaños en las encuestas de aprecio social. Ahora se abre ante nosotros una nueva era, y no podemos, ni los periodistas, ni los políticos, ni los empresarios en sus relaciones con los medios, actuar como hasta aquí. Vivimos tiempos de zozobra, en los que la rebeldía es casi oficiosamente aconsejada y, en ciertos ámbitos, conveniente. Por eso quiero dedicar hoy este comentario, por ejemplo, a Fran Llorente y al equipo, zarandeado desde la derecha y la izquierda, que ha hecho piña con él en este (pen)último capítulo que trata de evitar caer en el abismo.