La incuestionable demolición que los poderes, públicos y privados, llevan a cabo del llamado estado del bienestar desde que la crisis económica asomó en el horizonte, está despertando de su letargo a ese ciudadano que hace menos de dos años hacía oídos sordos y poco menos que cegaba sus ojos ante los abusos de sus gobernantes.
La gota que parece haber colmado la paciencia de quienes sufren el paro, la subida
de las hipotecas, el petróleo y la cesta de la compra, ha sido una gota en el océano de la
prebendas que acompañan a cualquier político, como son los viajes en primera de nuestros europarlamentarios. Lo dicho, pecata minuta en ese largo rosario de privilegios de que gozan los cargos públicos, que pese a la crisis que arrecia no se bajan del coche oficial (se amparan en los problemas de seguridad), aunque su negativa a frecuentar la clase turista de los aviones sí ha servido para hacer la prueba del algodón a la capacidad de sacrificio y renuncia que tanto demandan a quienes, no hay que olvidarlo, pagan sus emolumentos.
La avalancha de protestas en la red ha hecho que nuestros próceres europeos del PSOE y de UPyD, que junto al PP votaron en contra de la medida, hayan decido abstenerse en la votación que quiere colocarles fuera de la clase preferente, eso sí, siguen resistiéndose como gato panza arriba a dar su voto favorable a tales recortes. Simplemente, vergonzoso.
Con mucha más lentitud y dificultad se está concretando en la calle ese “basta ya” ciudadano, debido en gran medida al colaboracionismo sindical con el Gobierno de Zapatero (lo dice el propio Emilio Botín) y en parte también al sigiloso trabajo que durante años han llevado a cabo los partidos gobernantes, fuera cual fuera su ideología, para controlar todos y cada uno de los resortes de los movimientos sociales.
Todo aquello que ha escapado a ese encorsetamiento político al que han sido sometidas asociaciones vecinales, de padres, casas regionales e, incluso, las Ongs , es a día de hoy criminalizado, por lo que se asemeja en no pocos casos a una especie de caza brujas del siglo XXI, cuyos protagonistas son los “antisistema”.
Algo de ello, aunque de baja intensidad, volvió a palparse en la reciente manifestación llevada a cabo por “Jóvenes sin Futuro”, representantes de un segmento de la población al que le sobran motivos para movilizarse.
Sin duda esta crispación social irá en aumento conforme se vayan concretando los recortes sociales y el bolsillo de los ciudadanos no de para más. Los ayuntamientos, en este caso madrileños, están siendo ya epicentro de ello, concitando las protestas de muchos trabajadores cuyos empleos penden de un hilo por los incumplimientos de pago de las administraciones,
en este caso locales. Impagos que afectan a los empleados de la limpieza, los jardines y no digamos ya a quienes prestan servicios en ayuda a domicilio.
Todos ellos han dejado en muchos casos de percibir su salario, además de tener un horizonte laboral muy, pero que muy negro, por los expedientes de regulación o el cierre de sus empresas.
Mientras que esta sangría se produce, las administraciones, auténticos responsables de la situación, se limitan a pasarse la patata caliente, los responsables municipales responsabilizan a la Comunidad de Madrid y ésta hace lo propio con los ayuntamientos y sus “despilfarros”. Al currito, además de apretarse el cinturón, le queda actuar en consecuencia el próximo veintidós de mayo.
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