La marcha de Alvaro Domínguez del Atlético y la salida de Dani Carvajal del Real Madrid han vuelto a poner sobre la mesa lo difícil que resulta hoy en día para los canteranos de los equipos grandes llegar y asentarse en las primeras plantillas. Ciertamente, varios clubs parecen utilizar en los últimos años las categorías inferiores como una fuente extra de conseguir ingresos más que como un vivero del que nutrirse. El problema es que muchas veces ese canterano al que dejaste marchar termina triunfando años después y lo repescas teniendo que pagar una buena cantidad de millones por algo que tenías gratis.
Igual que el poeta Walt Whitman escribió esta famosa frase, popularizada a nivel mundial en la película “El Club de los poetas muertos”, en homenaje al que fuera presidente de Estados Unidos Abraham Lincoln, se puede emplear para reconocer los méritos y la trayectoria del capitán de la selección española, Iker Casillas, en un equipo que pasará a la historia del fútbol mundial. Buena parte del éxito que saborea ahora mismo el equipo nacional se lo debemos a él, no sólo por su indudable contribución en los terrenos de juego, sino por su labor de cohesión del equipo nacional cuando peor pintaban las cosas.
Los penaltis suelen “desnudar” a los futbolistas. A lo largo de la historia ha habido grandes jugadores a los que les ha costado mucho asumir la responsabilidad de lanzar una pena máxima decisiva. Y es que hay que ser muy valiente para atreverse a ser uno de los lanzadores cuando todo un país está pendiente de ti y un fallo puede quedar para siempre en el recuerdo. La presión alcanza cotas máximas si encima has tenido una experiencia negativa reciente, como le ocurría a Sergio Ramos tras haber fallado uno hace unos meses en la tanda frente al Bayern en la Liga de Campeones. Pero el “Tarzán de Camas” no sólo asumió el riesgo sino que encima se atrevió a tirarlo a lo “Panenka”, ya saben en suave vaselina por el centro de la portería aprovechando que el portero se tira hacia un lado. A eso se le llama tener personalidad y valentía.
El deporte español nos ha regalado un nuevo fin de semana de alegrías, algo a lo que nos está acostumbrando demasiado bien en los últimos tiempos. Si la economía no hace más que amargarnos de lunes a viernes, siempre nos quedará algún deportista nacional dispuesto a darnos una satisfacción entre sábado y domingo para acabar la semana con un mejor sabor de boca. En esta ocasión los protagonistas tienen un nombre común, en este caso más bien apellido: Alonso. Gracias a ellos, España también es noticia en el mundo por motivos agradables.
No es extraño que mucha gente del fútbol quisiera que fuera el Alcorcón el equipo que lograra el ascenso a 1ª en la última eliminatoria del play-off que le ha enfrentado al Real Valladolid. Y es que el equipo amarillo se ha ganado la simpatía y la admiración a nivel nacional por su esfuerzo, rendimiento y humildad a lo largo, no sólo ya de esta temporada, sino de las últimas campañas. Que un equipo con las limitaciones económicas del club alfarero se haya quedado a tan sólo un gol de alcanzar la máxima categoría es una hazaña que se recordará durante mucho tiempo, y de la que todos sus protagonistas pueden presumir a pesar del sabor agridulce que deben sentir en estos momentos
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