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    24 de julio de 2017

RAUL HERAS

Se siguen llenando los juzgados de sumarios sobre corrupción y de líderes políticos y empresariales que tienen que ir a declarar como investigados o como testigos. Es una situación asfixiante que convierte la vida pública en un campo de batalla, con trincheras y alambradas entre las que quedan atrapados nombres y apellidos poderosos de los grandes partidos y de las grandes empresas.

La mayor parte de los trucos de la magia nacen de la habilidad que el prestidigitador tenga con sus manos. De la rapidez con la que las mueva mientras distrae al personal con su discurso nace su éxito. En política ocurre algo muy parecido, si entendemos por manos a los principales colaboradores o personas de confianza del líder. El ejemplo de nuestro presidente del Gobierno es de los mejores.

En esta España en la que desde el Ministerio de Defensa se recuerda el papel de los Ejércitos en la defensa de la integridad del estado, el Islero que va a cornear hasta buscar la muerte del presidente del Gobierno se llama Cataluña y el independentismo que alberga en varias de sus siglas políticas y en más del 40 por ciento de su población

Lo que está pasando en Francia con los vencidos en las elecciones es un buen escaparte para la reflexión y las actitudes del socialismo hispano y de la izquierda patria en general. Una lección de malos comportamientos, de falta absoluta de ética, de traiciones que la practican aquellos que ponen su futuro por encima de todo lo demás. Comportamientos en los que la ideología desaparece y deja en su lugar a la más brutal, descarnada y cínica expresión del mal llamado "realismo político".

Sentados en el despacho de Margarita Robles, la nueva portavoz parlamentaria del PSOE, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ofrecen a los periodistas y a los ciudadanos una imagen necesaria e imposible: la de una izquierda unida frente al gobierno de Mariano Rajoy y el Partido Popular. Los dos saben que sin el otro no llegarán al poder, pero también que para crecer y ganar en unas elecciones tienen que destruir al otro.

Ya no existen dudas. Tras las declaraciones de los antiguos secretarios generarles del Partido Popular ante el juez, todo lo dicho y asegurado por Luís Bárcenas se quedará en nada. El ex tesorero está contento con lo que han dicho sus antiguos jefes y de los ataques y acusaciones ha pasado a cambiar sus recuerdos. Nada de contabilidad B, ni de sobresueldos, ni ningún otro posible delito de los que pudiera acusarse al partido. La existencia de un pacto entre las partes antes enfrentadas aparece como la única explicación posible. La guerra puede haber terminado con un único culpable, Alvaro Lapuerta, un hombre que va a cumplir el 22 de septiembre noventa años y cuya salud física y mental es muy endeble.

Unir la película de Alejandro González Iñarritu con el asalto a Roma por parte de los galos que comandaba Breno y a ambos con el 39 Congreso del PSOE es lógico y necesario. Y vamos a explicarlo para aquellos que no hayan visto el film protagonizado por Leonardo DiCaprio; no sepan lo que ocurrió con la guerra entre la Roma imperial y los levantiscos sesones de la Francia de entonces en el año 390 antes de Cristo; y no entiendan la venganza que se ha tomado el secretario general de los socialistas tras su vuelta al poder interno del partido.

Cinco días antes de la celebración de las elecciones primarias en el PSOE para elegir a un nuevo secretario general, Podemos registraba en el Congreso su moción de censura al gobierno del Partido Popular. Es más que posible que en esos días tanto Pablo Iglesias como el resto de la dirección del tercer partido político de España creyera que el futuro del socialismo pasaba por Susana Díaz y no por Pedro Sánchez, descartado de antemano Patxi López.

En la Carrera de San Jerónimo, que alberga o debería albergar la soberanía popular, se han librado tres batallas al mismo tiempo y bajo el mismo llamamiento al interés ciudadano. Por eso, sin duda el mejor día para acusar a Cristiano Ronaldo de defraudar más de 14 millones de euros a Hacienda era también este martes y trece

El presidente del Gobierno va a seguir el camino que le ha marcado Cristina Cifuentes en su propia moción de censura frente a Podemos: batería de ministros para atacar cada una de las propuestas de Pablo Iglesias a semejanza de lo que hicieron los consejeros de la presidenta madrileña. Mariano Rajoy se reserva para el final con la intención de convertir la operación de Podemos en un "segundo debate de investidura" convencido de que su rival sólo podrá contar con los votos de los suyos.

Cuatro españoles se han pasado el fin de semana encerrados en un hotel de Chantilly, un pequeño pueblo que nada tiene que ver con Francia salvo el nombre. Está en el estado de Virginia, cerca de Nueva York, y los que salieron de sus habitaciones y salas de conferencias este domingo han estado aislados del mundo exterior. Y por propia voluntad, en un secuestro intelectual del que han vuelto a terreno patrio sabiendo lo que opinan los más ricos, los más fuertes y los más intrigantes del mundo.

El evidente enfado de Felipe González por el retorno de Pedro Sánchez a la secretaria general del PSOE no tiene sentido y obedece, sin duda, a la pérdida de memoria por parte del que fuera durante cuarenta años la figura emblemática del socialismo español. El renacido secretario general no ha hecho otra cosa que copiar punto por punto todo lo que hizo su compañero de partido para controlar la organización y cambiarla de arriba a abajo, desde las señas de identidad históricas a la estructura interna.

Antes de llegar a la anunciada derrota de su moción contra Mariano Rajoy, Pablo Iglesias, va a sufrir otra. Esta de forma indirecta pero tan importante como la que tendrá en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Será la que reciba Lorena Ruíz Huerta, la representante de Podemos en la Asamblea madrileña con su moción de censura contra Cristina Cifuentes
Todos los que hemos escuchado las palabras de la vicepresidenta del gobierno el pasado viernes ya no tenemos dudas: Mariano Rajoy Brey, así con los dos apellidos para que nadie se confunda, camina hacia la santidad política.
Sánchez ha demostrado que tiene la paciencia y la tozudez que se le atribuyen al burro, y Rajoy tiene más que acreditada su piel de elefante y el efecto que produce sobre sus adversarios y enemigos cuando se siente amenazado y recurre a su memoria

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