La exitosa aparición de Guardiola en el banquillo del FC Barcelona ha sido este año el factor que ha desnivelado la balanza de fuerzas que protagonizan las dos entidades más poderosas del fútbol español. De su mano, el equipo azulgrana ha alcanzado la gloria al convertirse en el primer equipo español que consigue ganar Champions, Liga y Copa del Rey en la misma campaña, gracias a un estilo de juego elogiado por críticos y aficionados.
El “noi de Santpedor” se hizo cargo de la nave azulgrana con el único aval de haber ascendido al filial a 2ª “B” pero la arriesgada apuesta de Joan Laporta no pudo ser más acertada. En tan sólo unos meses logró transformar un equipo que caminaba sin rumbo tras dos años en blanco y hasta convertirlo en una referencia a nivel mundial.
Pupilo aventajado de la época dorada del “Dream Team” que capitaneó Johan Cruyff, Pep tuvo claro desde el primer día las recetas que debía aplicar. No le tembló el pulso a la hora de descartar a “vacas sagradas” que restaban más que sumaban, como Ronaldinho, Deco y Etoo. Apoyándose en jugadores con un ego menos desarrollado, como Xavi, Iniesta o Messi, renovó el ambiente de una plantilla que con pocas y selectas incorporaciones, como Alves, Piqué, Keita… fue capaz de aplicar sus ideas.
Carismático, siempre correcto y educado con los rivales hasta el máximo extremo, modesto en el momento del triunfo, Pep ha adornado además su éxito con un comportamiento modélico en su estreno como entrenador de elite. Encarna como pocos el “seny” catalán, ese saber estar que le ha faltado en algunas ocasiones a Laporta, y ha demostrado sabe manejar el complicado entorno del club. Virtudes que refuerzan su figura hasta hacerlo, por el momento, intocable, a pesar de algunas discutibles decisiones como el costoso fichaje del ucraniano Chigrinsky.
Dicho todo esto, no hay que esconder que el año II de la era Guardiola en el Barça se presenta como un reto aún mayor. Se suele decir que lo difícil no es llegar sino mantenerse y más en el fútbol, donde cada tres días debes aprobar un nuevo examen. Repetir lo que hace unos meses fue un éxito sin precedentes sería considerado por algunos como mantener el nivel. Es cierto que los azulgranas han conseguido ya en esta campaña dos títulos, la Supercopa de España y la de Europa, pero son de esos que sólo suman si obtienes otros de mayor peso ya que por si mismos no salvan una temporada.
Rehenes como son de su propio éxito, el propio técnico ya ha dejado claro que no les pueden exigir ganar ni jugar bien todos los partidos. Circunstancias que el año pasado fueron favorables, ahora parece que se ponen en contra, como las lesiones o los baches que ha sufrido Messi. Con todo ello debe lidiar un Guardiola que aún tiene pendiente el asunto de su renovación y al que en unos meses se le presenta otro factor incómodo, como son las elecciones del que saldrá el sucesor de Laporta, al que los estatutos del club le obligan a abandonar su cargo y que parece encaminar sus pasos hacia el mundo de la política.
La noticia del año en el Real Madrid fue la vuelta de Florentino Pérez a la presidencia. Alarmado por los efectos que había causado para la imagen de la entidad el convulso periodo de Ramón Calderón y dispuesto a hacer frente a la superioridad mostrada por el FC Barcelona sobre su equipo, decidió poner en marcha un nuevo proyecto galáctico sin reparar en gastos, hasta el punto de protagonizar el mayor desembolso realizado por un equipo en una temporada en la historia del fútbol, al gastarse 258 millones de euros. El deseo de poder formar una plantilla que estuviera en condiciones de pelear con su gran rival nacional, le llevó “a realizar en una temporada lo que en condiciones normales hubiéramos hecho en tres”.
Los fichajes de grandes estrellas sirvieron para devolver la ilusión al madridismo, como se pudo comprobar en las presentaciones de Cristiano Ronaldo, Kaka o Benzema, y para apagar la resonancia mediática de los triunfos culés. Los 96 millones desembolsados por el astro portugués o los 66 que costó el brasileño, fueron asunto de debate nacional e internacional, especialmente, a causa de los créditos concedidos por el Banco Santander y Caja Madrid al club. La ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, no dudó en reprochar a las entidades que facilitaran tanto dinero al club y no tuvieran la misma diligencia con familias y PYMES en un momento de crisis económica. Tampoco se mordió la lengua el máximo mandatario azulgrana. Laporta calificó el modelo impuesto por Florentino como “imperialista y prepotente”.
La exigencia generada por la faraónica inversión en un equipo “que debe ganar y dar espectáculo”, según afirmó el propio Pérez, está siendo un reto difícil de alcanzar hasta el momento por el equipo que dirige Pellegrini. El técnico chileno ha sido cuestionado casi desde el principio por el juego mostrado por su equipo, muy por debajo de lo esperado salvo en escasas ocasiones. La dolorosa eliminación de la Copa del Rey a manos de un equipo de 2ª “B” como el Alcorcón le puso en la picota, pero la buena trayectoria del equipo en la liga está siendo su mejor defensa.
El “ingeniero” sabe que mientras mantenga la lucha por el título en el campeonato nacional y no caiga eliminado en la Champions, aspirando a la final en el Bernabéu, seguirá teniendo el respaldo de las altas esferas, aunque de la “superproducción” que iba a protagonizar este equipo, según anunció Jorge Valdano en los albores de la temporada, hayamos pasado a un equipo en el que para Iker Casillas, “pasan cosas que son para un guión de Spielberg”. La aparición de nuevas estrellas en el vestuario blanco, no ha menguado la importancia en la plantilla de un portero al que todos se agarran cuando las cosas vienen mal dadas y que en poco tiempo se puede quedar prácticamente como la única referencia del madridismo de cuna. Un hecho que parece cada vez más cercana por la situación de decadencia que viven otras dos referencias merengues como Raúl o Guti.
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