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Hemeroteca :: Edición del 11/03/2010 | Salir de la hemeroteca

Habría sido impredecible para el más sagaz futurólogo que el jesuita asturiano y la gaditana licenciada en Empresariales, a la que saca 24 años, podrían llegar al cuerpo a cuerpo – es un decir – en la confrontación dialéctica sobre el aborto y su proceso de legalización por un sistema de plazos. Un cambio que implica, además, sustituir la despenalización por un derecho de las mujeres.

Ocurre, sin embargo, que la vida, o más bien las vidas, dan muchas vueltas y llegan a colocar a personas de trayectorias bien dispares, en posiciones tan radicales como enfrentadas. Y en cometidos relevantes y predestinados fatalmente al choque.

Este es el caso concreto. Ella, ministra de Igualdad en el gobierno socialista que preside José Luís Rodríguez Zapatero; él, obispo secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal, que preside el cardenal Antonio María Rouco Varela. En ese juego de fuerzas, la ministra Bibiana Aído y monseñor Juan Antonio Martínez Camino habían de disputar públicamente, con arreglo al quién es quién.

Martínez Camino nació en la Asturias central, a donde volvió su padre, que había emigrado a Cuba y que vivió, como otros paisanos suyos, el despojo a aquellos indianos de cuyos bienes se incautó Fidel Castro cuando triunfa su revolución.

Estudia en Comillas y Valladolid; pero, además, según testimonio de otro sacerdote de un concejo vecino, recibió la influencia del cardenal Marcelo González, el que había marcado distancias con el franquismo y construido viviendas para necesitados en la capital del Pisuerga; pero que, tras su paso por la diócesis de Barcelona, se alejó aún más de la política de la transición.

En una fase de crisis personal, el joven Juan Antonio buscó refugio para su espíritu con los trapenses del Monasterio de Dueñas, cuna de los chocolates que llevan la marca de la orden monástica.

Doctor en Teología, que cursa en Frankfurt del Main, destaca en algún currículo aderezado, que colaboró con los capellanes de emigrantes españoles en Alemania, labor que uno de esos capellanes de larga estancia, minimiza mucho. En la Universidad Pontificia de Comillas impartió clases de Teología Dogmática, adjetivo éste de auténtico peso.

Como jesuita presenta un perfil atípico: hace años eligió para residir la casa de unas religiosas seglares de Madrid, en lugar de una de la Compañía. Luego, ha sido el primer jesuita español nombrado obispo; había precedentes en otras naciones, pero no en la nuestra, originaria del fundador, San Ignacio de Loyola.

Más allá de su condición de portavoz de la Conferencia Episcopal Española, está considerado, por su incondicional supeditación a Rouco, “la voz de su amo”.

Bibiana Aido Almagro es hija del exalcalde y hombre fuerte del PSOE en Alcalá de los Gazules. Además cuenta como padrino con Manuel Chaves, expresidente de la Autonomía andaluza y actual vicepresidente tercero del Gobierno central.

De las Juventudes Socialistas pasó al PSOE y entró en listas electorales, aunque no salió elegida. Durante algunos meses trabajó en Cajas de Ahorros, así como en una empresa privada. También desempeñó el cargo de delegada de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y recaló como directora de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco.

Diputada en el Parlamento de Andalucía, Zapatero se solidariza con el apadrinamiento del presidente del PSOE y le encomienda el Ministerio de Igualdad, de nueva creación, a la zaga sólo de Dinamarca y Suecia.

Con tan ligero bagaje, la ministra Aido ha realizado alguna incursión, poco afortunada, en la renovación idiomática: su oferta del vocablo “miembra” ha encontrado muy poca demanda para cargar con el palabro.

Tampoco las pulseras contra maltratadores, controlados por GPS, constituyen la panacea para resolver el problema.

Hace falta más imaginación y aplicar técnicas más efectivas. Por desgracia no abundan las mujeres tan aguerridas como las que Miguel Ángel Almodóvar retrató en su libro “Armas de varón”, que vistieron y adoptaron roles masculinos para igualar y muchas veces superar a los hombres. Entre las heroínas históricas españolas que el Museo del Ejército reunía al agrupar sus retratos, figuran Agustina de Aragón, María Pita, Manuela Malasaña, la “Dama de Arintero”, Manuela Martínez de Ibairarriaga, la condesa de Bureta, Francisca Guarch, Manuela Sancho y la “Monja Alférez”. Éstas utilizaron desde la espada hasta el cañón. Fueron cosas excepcionales y de otros tiempos. Hoy están las artes marciales entre la panoplia para la legítima defensa. Y bienvenida sea la tecnología que permita evitar el maltrato y el crimen. Por supuesto, como base fundamental está la educación apropiada. En la proclamación de esto último nuestros dos personajes coincidirían, si bien tampoco estarían de acuerdo en cuanto se pasara a la casuística.

Con todo, hoy por hoy, la cuestión crucial está en el no nacido y no deseado.

El teólogo y obispo auxiliar de Rouco, Martínez Camino ha dejado a muchos – curas incluidos – con los ojos a cuadros cuando agitaba el peligro de caer en herejía para los políticos que voten a favor de la nueva ley sobre el aborto. Según la doctrina católica, se podrá hablar de “pecado público mortal”, como anunció urbi et orbi; pero ello nada tiene que ver con el concepto de herejía. Por mucho que se fuerce la cosa, no parece de recibo incluir a los correspondientes votantes de la Carrera de San Jerónimo en la lista de herejes: Arrio, Prisciliano, Pelagio, Nestorio, Elipando de Toledo y otros catalogados como tales.

La titular ministerial de Igualdad, en algún momento y algunos medios respondía que “en España se legisla en el Parlamento y, en ningún caso, desde los púlpitos”; en otra información de agencias, recogían de sus labios: “no contesto a Camino”.

Bibiana Aído y Juan Antonio Martínez Camino eluden el choque frontal, el cuerpo a cuerpo. En definitiva, ella no es Clara Campoamor. El portavoz de la sede de la calle Añastro – que es más que otro ministerio – no tiene algunas cualidades de quién fuera obispo de Sigüenza-Guadalajara y antecesor en la portavocía, monseñor José Sánchez (suaviter in modo fortiter in re).



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