Última actualización 22/07/2009@09:06:01 GMT+1
El líder del PP ya ha comunicado a Aguirre que será él quien nombrará al presidente de Caja madrid, mientras Elena Salgado ha dicho a Griñán que será el Banco de España el que dirija las fusiones de las cajas andaluzas.
Caja Madrid se ha convertido en el paradigma del pulso soterrado que libra el Gobierno con las comunidades auntónomas para definir el nuevo modelo de gestión de las cajas de ahorros. Futuro que para el Ejecutivo de Zapatero, al igual que para Mariano Rajoy, pasa por profesionalizar estas entidades bancarias, reducir drásticamente su número y limitar la influencia política de cada autonomía sobre ellas. Emilio Botín, José María Aznar y el gobernador del Banco de España han animado en las últimas semanas a que sea el Gobierno central y no las Comunidades Autónomas las que controlen las Cajas de Ahorro.
Tanto Rajoy como Zapatero están de acuerdo -como hizo en elpasado Aznar y antes Felipe González- en que tienen que ser ellos yno los dirigientes autonómicos los que decidan el nombre del sucesor de Blesa.
Y eso es precisamente contra lo que lucha Esperanza Aguirre y su Ley de Cajas (José antonio Griñán en Andalucia está haciendo otro tanto, aviso incuido al Gobierno), con la que la presidenta de laComunidad madrileña ha querido,y quiere, apuntalar e, incluso, incrementar el poder político en este organismo financiero. En definitiva que Caja madrid sea como Tele Madrid, el que gane las elecciones autonómicas se convertirá en su dueño absoluto.
En Andalucia, la pelea por el control de las Cajas ha surgido, no por el nombre de sus presidentes, sino por las previsibles fusiones. Griñán quiere dirigir estas operaciones de ingeniería financiera, pero el Banco de España y la vicepresidenta Elena Salgado ya le han avisado de que será Miguel Fernández Ordóñez el que decidirá.
Aunque la etrategia de Zapatero, y de Rajoy, es global, lo cierto es que Caja Madrid tiene una i mportancia prioritaria para el Gobierno, dado su carácter de cuarta entidad bancaria del país. Algo que está provocando que el pulso del Ejecutivo se haya transformado aquí en una batalla capal que se prolonga ya desde hace meses, poniendo al descubierto los muchos, y pocas veces confesables, intereses políticos y económicos que se esconden tras ella.
Tras la victoria de Rajoy en las elecciones europeas, el lídel del PP aprovechó su fortalecimiento político para decirles a Aguirre y a Ruiz Gallardón que sería él mismo el que colocaría al sucesor de Blesa, lo que le permitió anunciar a la secretaria general Dolores de Cospedal a los cuatro vientos que todos estaban ya de acuerdo en el próximo presidente de Caja Madrid.
En seguida se barajaron nombres. Los ex secretarios económicos de Rato, Luis de Guindos, José Folgado (alcalde de Tres Cantos) y Estanislao Rodríguez Ponga, y el jefe de los tres, Rodrigo Rato. O incluso Manuel Pizarro, que ya fue presidente de Ibercaja y al que Rajoy tiene que contentar con algo.
No contaban ni Rajoy ni De Cospedal con la tozudez de Esperanza Aguirre que sigue insistiendo en qeu tiene que ser el partido regional el que decida y no el nacional, como también ha ocurrido con el nombramiento de Gallardón como próximo candidato a la alcaldía de Madrid, aunque lasprotestas de la lideresa madrileña cada vez son menos duras.
Aguirre contraatacó con un sorpresivo pacto con IU de Madrid, al que cedió una vicepresidencia y dos puestos en el Consejo de Administración, en la misma línea de lo que había ofrecido a Tomás Gómez semanas antes para que apoyara su plan de control de Caja Madrid y que el líder socialisa madrileño aceptó pero que luego fue rechazado por el Gobierno central.
La entrada en escena de Salgado no parece haber calmado, más bien todo lo contrario, la convulsión política y sindical que se vive en la Caja madrileña desde que se diera a conocer el tan traído y llevado acuerdo, convertido oficialmente en Ley por la Asamblea de Madrid la pasada semana.