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La habilidad del gran mago Mariano
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La habilidad del gran mago Mariano

La mayor parte de los trucos de la magia nacen de la habilidad que el prestidigitador tenga con sus manos. De la rapidez con la que las mueva mientras distrae al personal con su discurso nace su éxito. En política ocurre algo muy parecido, si entendemos por manos a los principales colaboradores o personas de confianza del líder. El ejemplo de nuestro presidente del Gobierno es de los mejores.

Mariano Rajoy, al que como a Donald Trump, se le podrá acusar de muchas cosas menos de ser tonto o desconocer como funciona el sistema político español, tanto a nivel estructural como interno de los partidos, ha conseguido mantenerse en el poder pese a estar en minoría. LLeva cuarenta años en la vida pública y ha pasado por todos los escalones de la misma, desde la política local a la nacional a través de la autonómica. Concejal, presidente de Diputación, vicepresidente en Galicia, ministro tres veces, candidato de su partido en elecciones generales en cinco ocasiones, con tres victorias seguidas, la primera con mayoría absoluta.

En sus alrededores nadie le hace sombra. Desaparecieron sus "pares", aquellos que heredó de José María Aznar, incluido el ex presidente; y no se adivina quién puede llegar a sustituirle cuando decida marcharse o pierda unas elecciones. Nombres se dan unos cuantos pero de verdad, de verdad, las incógnitas que genera él mismo las maneja con enorme habilidad. Muy bien parlamentario su aparente desgana es otra forma de engañar a sus adversarios. Y ante las dudas que genera lo mejor es fijarse en los resultados que consigue o le consiguen.

Ha gobernado con mayoría absoluta cuatro años, los más duros de la crisis que estalla en 2008, y ha conseguido mantenerse en cabeza pese a la aparición de nuevos jugadores o tal vez gracias a la aparición de esos nuevos jugadores. Sin la existencia de Ciudadanos y sobre todo de Podemos es muy posible que La Moncloa estuviese ocupado por el líder del Partido Socialista.

Logra que se fijen las miradas en su rostro, en su aparente tranquilidad y hasta en su " lentitud" a la hora de tomar decisiones cuando en realidad las está tomando a través de sus mejores ayudantes, sus dos "manos" políticas, que tampoco es casualidad que sean mujeres: Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores Cospedal. A la primera le dio la vicepresidencia del gobierno y ahí sigue. A la segunda le dejó la secretaría general del partido y ahí sigue con el premio del Ministerio de Defensa tras perder el gobierno de Castilla la Mancha. Equilibrio de poderes que se extiende dentro del Ejecutivo y dentro del PP.

Si a la vicepresidenta - que ganó por goleada a sus antiguos adversarios del llamado G-5 en el que estaban García Margallo, Soria, Fernández Díaz, Arias Cañete y Ana Pastor - contaba entre sus fieles con los consagrados Cristóbal Montoro, dueño y señor custodio de los dineros del país, autor de frases memorables pero que es capaz de mantener la calma y hasta la ironía en los más duros momentos, y Fátima Báñez, una especie de alter ego de su compañero ministerial; ahora ha añadido a los mismos a Alvaro Nadal con quien ya compartía horas y deberes en el complejo de La Moncloa e Iñigo de la Serna, ex alcalde de Santander y al que no le acompaña la oratoria tanto como el físico. Ministerios claves donde los haya a nivel económico, desde la Hacienda a la Energía o la obra pública, desde los que se controla el gasto y los principales desarrollos.

En el otro lado de la balanza, en la otra mano del presidente, está su número dos en el partido - a la que ha impuesto el corsé de un coordinador general y unos vicesecretarios que también se reparten sus afectos - y quien desde el Ministerio de Defensa tiene la misión de "agrupar" a la parte más dura y política del Gabinete. Cerca de Cospedal están el "rescatado" desde Andalucía (tras enfrentarse a Javier Arenas, otro de los eternos supervivientes del espectáculo ) ministro de Interior, Antonio Zoido, a quien acompañan Rafael Catalá, con sus problemas en la Fiscalía y en las relaciones entre las Fuerzas de Seguridad y la Judicatura, la encargada de lidiar en Europa y en la seca España con los problemas agrícolas, García Tejerina, y la que posiblemente lo tenga más dificil por lo que abarca e implica el Ministerio de Sanidad, Dolors Monserrat, con el "imposible" déficit que arrastra la Seguridad Social y que se extiende por todo el sistema sanitario y la tendencia a "privatizar" el modelo desde las transferencias ya realizadas a las autonomías.

En toda sesión de magia deben existir los "infiltrados", aquellos ayudantes que se mezclan con el público para ayudar al mago desde la supuesta, orquesta y bien ensayada independencia. También en este apartado Mariano Rajoy utiliza su probada habilidad: para los temas internacionales cuenta con Alfonso Dastis, un diplomático que no se mezcla con los problemas internos del gobierno y del partido; y con el ambicioso Luís de Guindos, siempre soñando con un futuro cargo de relumbrón a nivel internacional tras perseguirlo a nivel europeo y que, confesiones religiosas a un lado, le sirve al presidente para matizar el poder de su ministro de Hacienda.

Y la guinda del pastel, la persona que le está sirviendo para cambiar la cara de los comunicados oficiales y los resúmenes del Consejo de Ministros, Iñigo Méndez de Vigo, afable, diplomático, con recorrido exterior y eso tan necesario que son los idiomas. Tiene la misión que antes tenía la vicepresidenta y por la que más de una vez chocó con la muy discreta Carmen Martínez de Castro, la persona que Mariano Rajoy tiene en la tramoya desde tiempo inmemorial. El portavoz acumula relaciones estratégicas y muy importantes: su hermana Beatriz ha sido la número dos del CNI y ahora está en la embajada de España en Pekín, y en su familia- que le emparienta con la casa Borbón desde los tiempos de María Cristina, aparecen diplomáticos y generales, el último su hermano Pedro. Sin contar la discreta y constante saga de los Eulate, que por sí sola llenaría uno de los capítulos de la heráldica española.