Hemeroteca :: Edición del 29/06/2012 | Salir de la hemeroteca

02/06/2011.- Jugar con las palabras es un arte, utilizarlas para mentir es una bellaquería, y si no que se lo pregunten a Zapatero que califica así a quienes se atreven a contradecirle.

El historiador Luis Suárez se ha puesto tisquis miquis a la hora de decir cómo era Franco y, con el fin de que los que lean su aportación al diccionario histórico español no sepan si el señor que gobernó España desde 1939 hasta su muerto en el Hospital de la Paz fue negro o blanco, alto a bajo, flaco o gordo, demócrata o dictador, ha dejado escrito que simplemente “era autoritario” pero no “totalitario”.

Entrar en estos matices es sencillamente no querer entrar en el fondo de la cuestión e insultar a los millones de españoles que lo padecieron.

Franco – y para afirmar esto no hace falta haber estudiado historia – fue un señor blanco, bajo, gordo y dictador.

Su represión durante la postguerra, los fusilamientos de otros españoles por razón de ideología política, el encarcelamiento de miles de compatriotas, la falta de libertades y la persecución de los delitos de opinión, no permiten definirlo de otra forma.

Hacen mucho daño a la historia y a la conciencia de quienes vivieron aquella época intentar modificar unos hechos demostrados con la argucia de buscar sinónimos más suaves para definir una conducta absolutamente rechazable.

La memoria histórica no puede ser forzada. Las cosas son como ocurrieron y cada personaje debe arrastrar toda su vida, y después de su muerte, las consecuencia de sus actos.

Tanto en la derecha como en la izquierda – y algunos aun viven y pretenden dar lecciones – se cometieron tropelías. No podemos sentirnos orgullosos de nuestro pasado porque en ambos bandos hubo gente que no mereció ser lo que fue ni dirigir durante la República o durante la dictadura a un pueblo digno de mejor causa, pero intentar reescribir la historia y ocultar o modificar algunos de sus datos esenciales, no es tarea digna, y tampoco lo justifica que se haya querido reescribirla desde el otro lado.

La película “Franco, ese hombre” de José Luis Sáenz de Heredia, fue un documental hagiográfico, pero nunca una referencia a tener en cuenta por la historia.





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