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Hemeroteca :: Edición del 22/07/2010 | Salir de la hemeroteca

30/06/2010.- Con los dos grandes partidos a la cabeza las formaciones políticas están rescatando del baúl de los recuerdos a los principales dirigentes que protagonizaron su pasado. Son aquellos protagonistas a los que los cambios les apartaron del primer plano de la actualidad. Y es, ahora, esa misma actualidad la que les está haciendo volver.

Para empezar con el partido en el Gobierno, si Felipe González, Javier Solana, Carlos Solchaga, Joaquín Almunia e incluso Alfonso Guerra y Miguel Boyer habían sido colocados en el desván de la historia -pese a las declaraciones más privadas que públicas de la mayoría de ellos criticando la situación del PSOE, del Ejecutivo y sobre todo de su presidente- la crisis y la necesidad de convocar a los militantes y votantes más descreídos a la lucha política, ha llevado a José Luis Rodríguez Zapatero a colocar sus nombres en primera fila.

Ocurrió así en la celebración de los cien años del parlamentarismo socialista, con Pablo Iglesias en el centro, en la que el ex presidente y ex secretario general se convirtió en la estrella, oscureciendo a su sucesor y haciendo valer la labor de los seniors del socialismo.

Hasta tal punto asistimos a esa especie de “revival” de aquel PSOE que gobernó durante catorce años, que desde sectores de las finanzas y la empresa se ve al actual Comisario europeo, Joaquín Almunia, como la persona más idónea para encargarse de la cartera de Economía y Hacienda dada su buena imagen en Bruselas.

En el camino está el ir y venir de José Bono, que dejó la cartera de Defensa que tenía en la primera Legislatura de Zapatero para “retirarse” de la política, y regresó en la segunda para ocupar el puesto de presidente del Congreso.

En la oposición ocurre algo muy parecido, con una José María Aznar que nunca se fue del todo y que cada pocos meses irrumpía en la esfera pública con declaraciones en las que parecía poner deberes a su sucesor.

De nuevo, unos actos conmemorativos de su llegada al poder y la sensación de que el PP puede ganar con cierta comodidad las próximas elecciones generales, han llevado al hombre que consiguió la primera mayoría absoluta para el centro derecha a aparecer como referencia de lo que debe ser una oposición con ganas de vencer.

Y en esa línea hay que colocar a Jaime Mayor Oreja y sus advertencias y declaraciones respecto a un posible diálogo con los sectores más próximos a ETA, cada vez más pegado a la realidad política española y más alejado de su condición de europarlamentario; y en el mundo financiero está un Rodrigo Rato, metido de lleno en la reforma del sistema de las Cajas de ahorro y con la ambición de influir desde su papel de tercer o cuarto banquero de España.

Por último, con un papel destacado a nivel jurídico y estratégico está Federico Trillo, y a nivel interno del partido a un Javier Arenas que desde Sevilla intenta ejercer de número dos de la formación. Los dos últimos personas de la máxima confianza de Mariano Rajoy, un líder condenado a buscar en la nómina de ex a los posibles integrantes de un futuro gobierno.

Por volver hasta están volviendo Julio Anguita y Jordi Pujol. El ex responsable de IU y del PCE como referencia de los viejos y nunca olvidados principios del marxismo en unos momentos de crisis internacional del liberalismo capitalista tras la llegada a la dirección de la coalición de Cayo Lara; y el que fuera todopoderoso presidente de la Generalitat y de CiU como ejemplo a seguir en las negociaciones con PSOE y PP por parte de su sucesor, Artur Mas, que se ve como futuro presidente de Cataluña pero sin la mayoría absoluta a la que aspira.

Si miramos al resto de las formaciones políticas veremos que el regreso más sonado fue el de Rosa Díez, que tras perder en su lucha interna contra Zapatero y abandonar el PSOE, fundó UPyD consiguiendo , si hacemos caso de las encuestas, convertirse en la cuarta fuerza electoral de España, por delante de los nacionalismos catalán, vasco y gallego. Si se confirmara en las urnas, el cambio a la hora de pactos de gobierno y mayorías parlamentarías sería trascendental en los próximos años.

Si UPyD apoyara una mayoría del PP en diferentes autonomías y municipios quedaría condicionada para la batalla de las generales; y si se decantara por la abstención o el apoyo a las listas del PSOE el riesgo de ser fagocitada por su ex partido aumentaría de forma alarmante para élla.

A los que, por ahora, no se espera es a los antiguos dirigentes de PNV y Bloque gallego: ni José Antonio Ardanza, ni Josu Jon Imaz, ni Juan José Ibarretxe, ni Xosé Manuel Beirás están por el regreso a la política activa y menos cuando sus partidos están fuera del poder.

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