Reconoce en privado que el handicap político de las urnas en mayo del 2011 no se lo va a poner Tomás Gómez como candidato del PSOE, ni Gregorio Gordo como candidato de IU, la dificultad para gobernar vendrá dada por José María Fidalgo si finalmente el ex secretario general de CCOO dice sí a la oferta de Rosa Díez de encabezar la lista de UPyD . Es esta formación la que puede arrebatarle la mayoría absoluta al PP de Madrid con esos ocho o nueve escaños que le pronostican hoy por hoy todas las encuestas. Unos escaños que saldrán mayoritariamente de la caída del PSOE, pero también de los desencantados con la trayectoria de los populares, tanto a nivel nacional como autonómico.
Si se confirmasen en las urnas los datos demoscópicos tendríamos en la Comunidad de Madrid, por primera vez, un escenario con cuatro partidos en el que dos de ellos están habituados a pactar, como son el PSOE e IU, otro que hasta ahora no ha tenido más remedio que “viajar” políticamente en solitario, y un cuarto que se jugaría una parte de su futuro en las generales del 2012 a la hora de pactar en una u otra dirección: podría apoyar al más votado, que será sin ninguna duda el PP de Esperanza Aguirre o dar paso a un “tripartito” en el Gobierno. También, es verdad, que puede quedarse fuera del Ejecutivo y apoyar u oponerse desde la Asamblea a las propuestas del gobierno de turno.
Si José María Aznar tuvo la inteligencia y la estrategia de colocar a un socialista como Enrique Múgica como Defensor del Pueblo ( cargo en el que sigue a la espera de su posible recambio por el ex alcalde de La Coruña y actual embajador en el Vaticano, Francisco Vázquez ), ¿ por qué no podemos contemplar a un sindicalista como Fidalgo dentro de un gobierno del PP que encabece Aguirre?. Esa posibilidad se baraja y hasta se recurre a las buenas relaciones que el ex líder de Comisiones Obreras siempre ha tenido con Ignacio González para aventurar que en caso necesario UPyD lo tendría más fácil por la derecha que por la izquierda.
En el Partido Popular, sin embargo, creen que el primer “campo” que debe pisar la presidenta, el primer recorrido que debe afrontar es el interno, el de abordar de una vez la siempre pospuesta remodelación de su Gobierno, que hubiera tenido lugar en caso de la marcha de su número dos a Caja Madrid, y que ahora yace en el cajón de los “sustos”, que no de los justos. Hay versiones, intereses y ambiciones encontradas: unos la convencen de que no se debe “tocar” el Gabinete a menos de un año para las urnas, que sería como reconocer que no todo se está haciendo bien; y otros la convencen de que con nuevas caras y estructura de Gobierno se mandaría a los ciudadanos el mensaje de que, ante la crisis, se reacciona de forma adecuada y con los cambios que aconseja la situación. En lo que unos y otros coinciden es que si se produjera la remodelación, ésta debería pasar por los primeros espadas, y ahí radica el principal problema de Esperanza Aguirre: hoy por hoy necesita a los tres: a Ignacio González, a Francisco Granados y a Antonio Beteta. Conclusión: una de las frases más pronunciadas en la vida política de estos tiempos: “ahora no toca”.
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