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Hemeroteca :: Edición del 22/07/2010 | Salir de la hemeroteca

05/05/2010.- Hace tres años, cuando se comenzaba a hablar de las hipotecas basuras de Estados Unidos recuerdo que un amigo como Gregorio Mayayo, que en aquel entonces dirigía la Asociación Hipotecaria Española, nos comentó cenando en un Comité editorial que las famosas “sub prime” apenas representaban el seis por ciento del sistema hipotecario de los USA, y que el problema que se avecinaba no estaba en ese pequeño porcentaje de dinero prestado a quien no lo podría devolver por más esfuerzos que hiciera; el problema estaba en el uso que se había dado a ese conjunto de hipotecas, a esa pequeña bola de nieve que lanzada en los mercados financieros internacionales como si de una alta montaña se tratara, se había convertido en un enorme y terrorífico alud que podía sepultar a la economía mundial

Antes y ahora siempre he tenido muy en cuenta las opiniones y análisis de Gregorio. Se ha jubilado pero atesora la sabiduría de toda una vida dedicada a observar la evolución de la deuda y en concreto, la hipotecaria. Le ha sustituido en ese puesto Santos González, otro “viejo” cazador de noticias del futuro al que las tormentas no le pillan por sorpresa pues las ve venir cuando se están formando. Con los dos he hablado muchas veces, les he escuchado, he discrepado en ocasiones, nos hemos convencido o en la despedida hemos quedado emplazados en el tiempo: a ver quién tenía más razón.

A Gregorio y a Santos – al igual que a otros compañeros y amigos del Consejo editorial a los que siempre agradeceré lo que me han ido enseñando del mundo financiero e inmobiliario – les compensaba sus saberes y experiencias con las mías del mundo de la política y de los comportamientos caóticos de los partidos políticos. Algunas veces, ya en los postres, introducía alguna de mis lecturas pasadas para explicar el por qué de los fenómenos y situaciones que estábamos viviendo. Recurría a autores y relatos que se habían quedado grabados en la memoria de un devorador de páginas como he sido durante muchos años. Uno de ellos – todo un clásico de la ciencia ficción – lo he recordado al mirar lo que está ocurriendo y cómo, desde algo tan pequeño inicialmente como las “sub prime”, se puede llegar a cambiar el futuro tras asustarnos todos ante el rugido de trueno de un Tiranosaurus Rex, que no menos espantosa es la crisis que vivimos, y separarnos del sendero de felicidad infinita en el que creíamos encontrarnos hacia un futuro en el que las tensiones, los miedos y las luchas desaparecían. No nos dimos cuenta que estábamos pisando a la muy hermosa y delicada mariposa verde, dorada y negra de la esperanza, que es ese sentimiento tan necesario en todo tipo de sociedad para que sus miembros se mantengan en pie.

n el cuento de Ray Bradbury que me ha servido para poner título a este artículo, ese pisotón inesperado que da el cazador miedoso que es Eckels en su viaje de 60 millones de años al remoto pasado de los dinosaurios, fuera de las normas y que aplasta al pequeño insecto, hace que todo el presente que conocía y el futuro que ambicionaba se desvanezca, y que de las urnas electorales que ha dejado en su vida real apenas unas horas antes de trasladarse a una jungla del Pleistoceno no salga un gobernante democrático, abierto, liberal y generoso, si no todo lo contrario: un dictador cargado de resentimientos y dispuesto a imponer por la fuerza su credo anti todo.

Les recomiendo a Rodríguez Zapatero y a Mariano Rajoy que lean esas cinco mil palabras de Bradbury. Les llevará apenas quince minutos y que se coloquen en la piel del ambicioso y poco juicioso y temeroso Eckels. Ellos, como el personaje del cuento, tan sólo quieren un trofeo, su propio dinosaurio: una victoria en las urnas con la que ostentar el poder.

No se dan cuenta del peligro que corren y nos hacen correr a todos al adentrarse tan alegremente en la jungla de la crisis sin conciencia de lo que está en juego y de la importancia que tienen las aparentemente pequeñas cosas. Han firmado un contrato de representación con los ciudadanos en el que se comprometían a buscar su felicidad y a respetar las reglas de juego. Y ahora, cuando la realidad les asusta y el ruido del trueno les hace temblar en sus escaños, por más que lo disimulen deambulan por el sendero como auténticos zombies. Lean el final, ese regreso a un futuro que ha cambiado de la misma forma que puede cambiar este país nuestro: se puede pasar de una democracia formal a otra con comportamientos claramente dictatoriales en apenas unos minutos, el tiempo que se tarda en pisar una mariposa. Y de nada nos servirá al resto que, cansados, cojamos los votos y les “matemos” en las urnas.


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