15/04/2010.- Ni Tomás Gómez, ni David Lucas son a día de hoy dos buenos candidatos del socialismo madrileño para pelear por la presidencia de la autonomía y la alcaldía de la capital. Son poco conocidos y no parecen tener el carisma que se le supone a un líder. Es algo parecido a lo que le ocurría a José María Aznar y lo que le ocurre a Mariano Rajoy; o lo que les ocurrió a Joaquín Almunia y a Joseph Borrell; por no mencionar a sus más que posibles rivales directos antes de que se sentaran en los sillones que ocupan en estos momentos: Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz - Gallardón.
Desde esa realidad el PSM y el PSOE desde su “central” pueden hacer dos cosas: cambiar de candidatos y volver a presentar a dos “paracaidistas” que nada hayan tenido que ver con esas dos Administraciones; o apoyarles en este año que queda hasta la cita con las urnas, dotarles de los medios que necesiten y , sobre todo, trasladar a sus militantes y votantes que son dos apuestas a corto, medio y largo plazo, que confían en sus capacidades de gestión y en su constancia más que en su carisma, y que lo que desean ofrecer a los ciudadanos es honestidad, trabajo y conocimiento de la realidad en la que se mueven.
Las dos alternativas son válidas pero desde la salida de Joaquín Leguina del Gobierno autonómico y de la de Juan Barranco del Ayuntamiento madrileño, los socialistas han ido dando tumbos, si bien es cierto que con la candidatura de Rafael Simancas a punto estuvieron de reconquistar el sillón de la Puerta del Sol, y el ex secretario general del PSM tampoco tenía lo que se dice, carisma. El resto está lleno de candidatos que llegaron para ganar y se fueron con la derrota a otros cometidos: Miguel Sebastián, Trinidad Jiménez, Cristina Almeida…
Los dos, Gómez y Lucas, son personas sensatas, dotadas de sentido común, serias en su trabajo, que llevan tres años poniendo orden en los respectivos grupos del PSM y que deben contar con las mismas oportunidades con que han contado otros dirigentes de su partido. No hay que olvidar que el carismático Felipe González necesitó tres elecciones para llegar a La Moncloa y con un intento de golpe de estado por medio y una fuerte crisis económica a la que se unió la descomposición del partido que estaba en el Gobierno.
La otra vía: sacar de la dirección y del Gobierno a dos dirigentes más conocidos como podrían ser Alfredo Pérez Rubalcaba, Beatriz Corredor, Javier Solana o la vuelta de Trinidad Jiménez tienen un riesgo muy claro e imposible de evitar: si no ganan y gobiernan se irán y los socialistas tendrán que volver a empezar pero con Tomás Gómez y David Lucas “quemados” en su futuro político. Ninguno de ellos se merece ese camino.
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