14/04/2010.- Es tan viejo el uso del ataque como la mejor de las defensas, que cuesta comprender la tardanza del PP para usar este método tras la lluvia de proyectiles que está recibiendo con el caso Gurtel y el resto de acusaciones desde Baleares a Madrid pasando por la Comunidad Valenciana, sobre todo si nos asomamos a mediados de los año noventa y comprobamos lo útil que les resultó la ofensiva general contra el gobierno de Felipe González y que “terminaron” con un ex ministro y un ex director general de Seguridad en la cárcel. No se si se puede hablar de “venganza” pero de lo que estoy seguro es de que los partidos, como “cuerpo vivo” socialmente hablando tienen memoria. Y de aquello a esto que vivimos no hay mucha distancia.
Las sucesivas dimisiones de Jaume Matas y Luís Bárcenas, que se suman a otras de los últimos meses, entre los silencios de Mariano Rajoy y las intervenciones de otros dirigentes del Partido Popular como Esperanza Aguirre, Javier Arenas y Francisco Alvarez Cascos – tan diferentes entre sí, tanto en lo concerniente al lenguaje y a los objetivos que buscaban – hacían presagiar que desde la sede central de la calle Génova no tardarían en organizar la mejor de las defensas posibles, o lo que es lo mismo: que iban a pasar al ataque. Y lo han hecho desde la experiencia de los viejos centuriones de José María Aznar, con su ex secretario general a la cabeza. Alvarez cascos no ha dudado en acusar a la policía del ministro Rubalcaba de adulterar pruebas, al tiempo que desde los medios de comunicación se lanzaban los primeros dardos contra el presidente del Congreso, al que intentan “comparar” con el ya ex tesorero del PP en cuanto a aumento de su patrimonio inmobiliario, sin que puedan, eso sí, entrar en ninguna ilegalidad para conseguirlo.
Es más que posible que lo peor de la crisis económica ya haya pasado y que estemos en un ancho valle económico por el que transitar durante meses, pero la crisis política, la batalla electoral más dura de la democracia apenas acaba de empezar. De aquí a mayo del 2012, con Zapatero y Rajoy de candidatos o con otros combatientes a la cabeza de los dos grandes partidos, vamos a asistir a un concierto de cuchillos corvos buscando la yugular del adversario o del enemigo, que en este tipo de confrontación nunca se sabe de dónde vienen los principales golpes, si del que está enfrente o del que se sienta a tu lado.
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